viernes 17 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

No por madrugar amanece más temprano

Las célebres coaliciones no tienen un verdadero fondo político y terminan siendo grupos de amigos, la mayoría sin talento para gobernar, que quieren apoderarse del estado.

Nosotros los colombianos nos enorgullecemos de cosas que son realmente negativas. Algunos consideran que la célebre “viveza” del colombiano es una cualidad. Pero podemos observar que esa “cualidad” nos ha traído muchos problemas, porque se ha reducido a la habilidad para engañar y estafar. Nos debemos enorgullecer de la capacidad intelectual de nuestros escritores, la alegría de nuestros compatriotas, la fortaleza de algunos empresarios y en general la inteligencia de los colombianos. Pero ahora aparece un entusiasmo insólito por algo negativo. La proliferación de los partidos, los grupos electorales sin ideología y la aspiración de personas sin trayectoria ni capacidad política para ser Presidente de la República es insólita. Las célebres coaliciones no tienen un verdadero fondo político y terminan siendo grupos de amigos, la mayoría sin talento para gobernar, que quieren apoderarse del estado. Y de contera consideramos que ese revoltillo es la cumbre de la democracia.

Se nos olvida cuando hacemos alarde de ser un ejemplo de democracia por el crecimiento de los grupúsculos electorales, que los países mejor organizados solamente cuentan con dos o tres partidos fuertes. Veamos, Inglaterra tres, Estados Unidos dos, Alemania tiene una democracia fuerte y muy pocos sectores políticos. Ahora, para las elecciones presidenciales aparecen candidatos de todos los pelambres, pero la mayoría no cuentan con un programa presidencial definido. Aparecen entonces la coalición de la esperanza y la de la experiencia como si fuera un juego de abalorios. Es como decía alguien “la razón de la sinrazón”. Se olvidaron ya las tesis de Duverger sobre los partidos políticos y nadie quiere recordar las teorías de Russeau, Locke, Montesquieu y demás clásicos de la política.

Pero lo más triste de todo este desorden es que quiso el gobierno desarrollar otra novedad política y organizó las elecciones para los consejos de juventud. Fue un rotundo fracaso. Parece que los jóvenes no están interesados en formar parte de esos consejos porque tienen otros intereses. Los grupos minoritarios que participan en las manifestaciones quieren protestar, pero no ayudar a organizar el Estado. Consideran que el gobierno está en la obligación de ayudarlos y de crear condiciones para su progreso. Necesitan universidades, colegios modernos, internet, vías de comunicación y buenos profesores. En consecuencia, toda está confusión política hace necesario profundas reflexiones. Hay que organizar partidos como existen en todos los países civilizados y creer en el viejo refrán que dice: “No por madrugar amanece más temprano”.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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