viernes 11 de enero de 2019 - 12:00 AM

Nostalgia

Luego de terminar mi bachillerato en el colegio Guanentá de San Gil, me presenté a la Universidad Libre para estudiar Derecho y a la Nacional, con el fin de adelantar estudios de filosofía y letras. Eran dos centros de estudios muy diferentes, porque en la universidad estatal el existencialismo era la doctrina abanderada y el marxismo impregnaba las mentes de los jóvenes de la Libre. Pero era maravillosa la inquietud de todos y leíamos a John Locke, Albert Camus, Federico Engels y Jean Paul Sartre. En esa época también me inicié como profesor en un colegio de bachillerato. Pero hice un análisis profundo de mi porvenir y llegué a la conclusión que mi futuro estaba en el Derecho y no en la docencia. La filosofía servía para ser profesor, por eso me retiré de la Nacional.

Pasaron los años y con mi título de abogado entré a la Judicatura y algunos años más tarde Alfonso Gómez Gómez me invitó a dictar clase en la Facultad de Administración de la Unab. Ahí empecé a ejercer el Derecho y a ser docente. Esa comunión fue excelente y definió mi vida intelectual. Fui profesor en casi todas las universidades de Bucaramanga con gran entusiasmo y dedicación. Pero indudablemente mi casa de estudios fue la Unab. Recuerdo las rectorías de José Manuel Arias Carrizosa, Alfonso Gómez Gómez, Gabriel Burgos y Alberto Montoya Puyana. Casi podíamos decir que crecimos juntos. Mi afición por la docencia fue tan grande, que cuando desempeñé el cargo de cónsul en el Perú, allá fui docente en la cátedra de Constitucional General.

Pero todo tiene su fin. Me he retirado de la docencia y de ahí que me embargue una gran nostalgia. He recibido muchos reconocimientos y participé en la despedida junto con Alberto Montoya el gran rector de la Unab. Quiero, por medio de este diario, sin abusar de la paciencia de mis lectores, agradecer a las directivas de la Universidad Autónoma los homenajes que he recibido, especialmente Rafael Ardila Duarte, Alberto Montoya, Jorge Eduardo Lamo y mis compañeras y compañeros de la Facultad de Derecho, ya no podré recorrer los pasillos del centro de estudios con los libros en la mano y la mente abierta a todos los conocimientos. Además, le deseo muchos éxitos al nuevo Rector, quien con su juventud e inteligencia seguirá haciendo crecer esa querida universidad.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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