viernes 23 de julio de 2021 - 12:00 AM

Nuestros vecinos

Colombia va a quedar entre varios fuegos, porque la proliferación de los partidos oscurece la definición presidencial en
la próxima campaña electoral.
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Las elecciones presidenciales en los países vecinos despiertan ciertas inquietudes. En Ecuador ganó el derechista Lasso en competencia con el candidato del expresidente Correa. Fue una clara derrota al populismo de izquierda, pero este movimiento sigue teniendo mucha fuerza en Ecuador. En el Perú ganó el profesor Castillo de clara inclinación a la izquierda. Entraremos entonces, en un periodo de sectarismo político cuando el presidente Castillo entre en alianzas con Maduro, promotor de una izquierda undívaga. Colombia va a quedar entre varios fuegos, porque la proliferación de los partidos oscurece la definición presidencial en la próxima campaña electoral.

La radicalización de las ideas políticas no trae consigo resultados coherentes en un ajuste electoral. Recordemos la historia de la derecha en el mundo. Benito Mussolini fue un hombre de izquierda en su juventud. Se entusiasmó con el Marxismo y los lideres comunistas lo veían como un fuerte político y un ideólogo coherente. Algunos historiadores sostienen que Lenin veía con buenos ojos al socialista italiano. Y en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial, algunos dirigentes políticos veían con desilusión la Republica democrática liberal, llamada de Weimar. Es ahí cuando Adolfo Hitler aprovecha la debilidad del gobierno para iniciar su proceso hacia el Nacional Socialismo. Ya tenía un ejemplo en un joven dirigente italiano que se inició en las toldas de la izquierda y con gran entusiasmo cambió su ideología y se inclinó hacia la derecha.

Tanto Hitler como Mussolini fueron protagonistas de la Segunda Guerra Mundial. Hitler, derrotado por los aliados se refugia en un búnker y pone fin al nacionalsocialismo, entregando su vida y la de su esposa Eva Brown. Mussolini, derrocado por los mismos italianos huye con Claretta Petacci, son capturados por los partisanos, quienes los fusilan y cuelgan sus cadáveres de las cuerdas de la luz. En consecuencia, la vieja izquierda de Lenin y la derecha de Mussolini se desmoronan con el tiempo. La caída de la Unión Soviética, la muerte de Franco y el fin de Mussolini ponen fin al sectarismo político. Como corolario de lo anterior, los nuevos radicalismos son peligrosos. Esperamos que vuelva el equilibrio político a los países que nos rodean, para así lograr un desarrollo socioeconómico dentro de la democracia liberal.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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