viernes 31 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Pintoresco y desagradable

muchas personas que atienden público señalan a quienes los requieren como “madrecita”, “padrecito”... Esta curiosa manifestación de igualdad se convierte en pintoresca y desagradable.

En la antigüedad clásica otorgaban algunos títulos a las personas que ostentaban alguna dignidad y a otros por la condición de mayores en edad y dignidad. Los romanos usaban mucho el dominus para señalar su condición importante. Pero después del desmoronamiento del imperio romano y el surgimiento del feudalismo aparecieron nuevas dignidades. Las tierras se repartieron y según la cantidad y alguna importancia personal les daban un título. Es así como aparecieron los duques, marqueses y condes. Los de mayor rango eran los duques, quienes generalmente eran los descendientes de la familia real que no eran herederos. Lo seguían los marqueses, cuya denominación aparecía de su lugar en las fronteras que surgía de una marca. Los de menor rango eran los condes. Ostentaban este título personajes a quienes el monarca se lo otorgaba por gratitud a sus servicios.

Fuera de los nobles existían los plebeyos y en el rango inferior los siervos. A estos les entregaban tierra para que la trabajaran, pero conservaban cierta dependencia del señor feudal. La esclavitud ya había sido abolida aunque en algunos lugares sobrevivió. Después de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa surgió un nuevo sistema económico social que algunos denominan burgués y otros democrático liberal. Sobrevivieron títulos de nobleza en los países donde se conservó la monarquía como Inglaterra y España. A pesar del surgimiento de la democracia se mantuvieron algunos títulos y dignidades. Es así como a las damas de alcurnia se les denomina señoras y a los varones como señor o don. Indudablemente son manifestaciones de la desigualdad, pero coexisten en las democracias modernas. También a los profesionales de algunas carreras como la medicina y el derecho les anteponen a su nombre el título de doctor. Igualmente algunas profesiones les acompañan su especialidad como a los ingenieros y arquitectos. Además a los profesores y a los artistas les agregan a su nombre el de maestros o profesores.

Pero esas desigualdades traen consigo manifestaciones erróneas que a veces lindan con el irrespeto y la grosería. En la capital de la república existe un señalamiento que trata de eliminar las desigualdades. Muchas personas no saludan anteponiendo al nombre el de señor sino que curiosamente lo llaman “vecino”. Para los capitalinos esto no les ofrece dificultades, para el resto de los habitantes de Colombia les parece pintoresco e irrespetuoso. Pero en los últimos años han surgido curiosas manifestaciones contra la desigualdad. Muchos empleados de los almacenes, choferes, servidores médicos y muchas personas que atienden público señalan a quienes los requieren como “madrecita”, “padrecito”. Alguien decía que es una manera de destacar la igualdad, otros argumentan que es una forma de amabilidad. Esta curiosa manifestación de igualdad se convierte en pintoresca y desagradable.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad