viernes 01 de diciembre de 2023 - 12:00 AM

Gustavo Galvis Arenas

Silbatinas y abucheos

Únicamente en las tiranías está prohibido el abucheo a los gobernantes. Lo primero que hace el tirano es proscribir la libre expresión popular de descontento en las calles y escenarios públicos.

El fenómeno no es nuevo, ni es local, ni es de derechas ni de izquierdas. Desde la antigua Grecia se utilizaba la siringa, o flauta de pan, para silbar durante las asambleas o discusiones políticas, para demostrar el descontento de los ciudadanos. Ya en nuestra era, en 1959 -en plena dictadura española- durante la ceremonia de exhumación del cuerpo de José Antonio Primo de Rivera para ser trasladado del Monasterio del Escorial al Valle de los Caídos, el generalísimo Franco y su ministro Carrero Blanco fueron tímidamente abucheados por un minúsculo grupo de jóvenes falangistas que los consideraban traidores. La represión, los consejos de guerra, los encarcelamientos y destierros a los batallones disciplinarios en África, no se hicieron esperar.

En Cuba en julio de 2021, el presidente Díaz-Canel y su familia fueron objeto de una silbatina durante las protestas por las violaciones de derechos humanos, la escasez de comida y medicamentos y el errático manejo del Covid-19. Las autoridades enviaron a prisión a cientos de manifestantes y curiosos, incluyendo opositores conocidos. Human Rights Watch documentó abusos sistemáticos y brutales, violencia de género, juicios sin el debido proceso y encarcelamientos que aún persisten.

Colombia no ha sido ajena a las rechiflas, abucheos y silbatinas contra gobernantes y sus familiares: El 26 de enero y el 5 de febrero de 1956, hubo rechiflas generalizadas en la plaza de toros de Santamaría de Bogotá, contra María Eugenia Rojas la hija del gobernante dictador, General Gustavo Rojas Pinilla. Las fuerzas armadas del régimen reprimieron brutalmente la protesta y aunque por la censura de la época no se tiene certeza sobre las cifras de víctimas, se habla de decenas de asesinatos a manos de los oficiales de la inteligencia encargados de reprimir el mínimo asomo de protesta contra el dictador. Se dice que allí comenzó el ocaso de la dictadura que cayó un año después.

Y más recientemente, el pasado 16 de noviembre el gobierno del presidente Gustavo Petro fue objeto de abucheos en el estadio Metropolitano de Barranquilla, durante el partido entre Colombia y Brasil.

Los medios y las redes sociales reportan que las silbatinas y rechiflas de rechazo se han repetido en diferentes estadios, aún en ausencia del presidente y su familia: Medellín, Ibagué, Cali y Bogotá. Confiamos en que la reacción del presidente Petro sea democrática y propia de un estadista.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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