viernes 14 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Un gobierno en apuros

Los últimos acontecimientos nacionales e internacionales nos mueven a profundas reflexiones. No podemos ocultar que nuestro país se encuentra en dificultades por las discrepancias que existen con los vecinos. Y que esos problemas afectan nuestra economía, la estabilidad democrática y la calidad de vida de los colombianos. Los actos irracionales de nacionalismo no conducen a ningún final feliz.

Las razones de esta crisis son múltiples. En primer lugar, la acción del gobierno colombiano contra el campamento de Raúl Reyes, ubicado en el Ecuador, no estuvo acorde con las normas internacionales. Ningún país puede perseguir a ciudadanos en otra nación aun cuando sean delincuentes. En consecuencia, violamos el derecho internacional. Lo lógico hubiera sido pedir permiso al gobierno ecuatoriano o solicitar la ayuda a la Interpol. Pero por otro lado, el gobierno ecuatoriano ha tolerado la presencia en su territorio de los alzados en armas, igualmente violando el derecho internacional. Lo lógico es que ambos gobiernos apelen a la diplomacia, pidan excusas e inicien investigaciones sobre las posibles conductas reprochables. Es ilógica entonces la algarabía guerrera del señor Correa.

Con Venezuela ocurre otro tanto. Si es cierto que el señor Chávez quiere acabar con la presencia guerrillera en su país, debe iniciar las acciones pertinentes y no amenazar con guerra porque encuentran armas vendidas por su gobierno. Mucho menos armar un conflicto económico que perjudica profundamente a Colombia, pero que en últimas va a ser negativo para su país. Las posibles bases militares no las entendemos. Hemos sido críticos de su establecimiento en Colombia pero no vemos el gran temor de Venezuela cuando Colombia nunca los ha amenazado y ellos tienen un fluido comercio con los Estados Unidos. En consecuencia, creemos que el problema en últimas es totalmente político.

De todas maneras, lo que más nos preocupa además del problema interno, es la discrepancia de Colombia con la mayoría de países de América. No somos un imperio, Colombia es relativamente pobre y en ningún momento ha ejercido liderazgo continental. Nos parece que nuestra diplomacia no ha sido feliz y nuestro gobierno entró en una etapa de no retorno. En consecuencia, el próximo presidente de Colombia debe ser alguien que nos convenga y no el que tenga más poder. En esto imitemos a los norteamericanos, siempre eligen a quien les conviene.

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