viernes 23 de enero de 2009 - 10:00 AM

Un gran monumento

Muy exitoso ha resultado el controvertido Panachi. Además de ser una obra monumental, es algo que necesitaba la región de Santander. Era necesario explotar el Cañón del Chicamocha, belleza natural ubicada en la parte central de nuestro departamento.

Las grises montañas que se observan a lo lejos y los empinados picos son el verdadero reflejo de nuestra geografía. Pero también señalan el entorno de una comunidad altiva, arrogante y de proyecciones versallescas. El Cañón del Chicamocha nos recuerda el camino que por Jordán unía a nuestro departamento con la altiplanicie cundiboyacense. Por esos desfiladeros cruzaron los arrieros que llevaban azúcar y panela hacia el reino. Fue el comienzo del transporte nacional.

Con la construcción de este parque nacional, hemos llenado un gran vacío de nuestra arrugada geografía. Y está bien diseñado. Los deportes de aventura, el entretenimiento para los niños, los cabritos, los avestruces y el sol abrazador forman parte del entorno turístico. Los viajeros llegan y primero ven el asombro desfiladero y luego, aparecen los diferentes estratos que conforman el pintoresco parque. Y ahí, tienen oportunidad los hombres de edad madura de vestirse como jóvenes, las señoras en usar arcaicas pavas y los jóvenes en demostrar su fortaleza trepando hasta la cumbre de Panachi.

Indudablemente, se da un hito más en la historia turística de Santander. Nos entusiasmaremos en convertir a un departamento histórico en una región turística. La culminación de todo este episodio está en el teleférico, obra que ya esta próxima en estar en servicio. Ya no será la vieja tarabita que se utilizaba para cruzar el rio Chicamocha y entrar a Cepitá, será un aparato moderno que cruzará los aires y mostrará a propios y extraños la dimensión de las cumbres morenas y las nubes en el horizonte. Roberto Vargas, ex cónsul de Colombia en Mérida, debe estar disfrutando de la fabulosa obra, que fue su gran sueño durante muchos años. Todo comenzó con la idea de dotar al Socorro de un monumento a los comuneros; en la cumbre de Panachi quedó la muestra del heroísmo, infortunadamente opacada por el fabuloso paisaje. Todavía le debemos al Socorro el monumento a sus glorias.

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