viernes 12 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Una débil oposición

Uno de los aspectos más importantes de la democracia es el mecanismo gobierno-oposición, es la controversia, la otra opinión y la posibilidad de que quienes pierdan las selecciones busquen por los medios legales el acceso al poder.

Entre los Griegos, se estableció que los periodos de los funcionarios serían muy cortos para que todos tuvieran la oportunidad alguna vez en la vida, de servirle a la Polis, o sea a la Ciudad Estado. Es así como la escogencia de los gobernantes la hacia la asamblea popular, con la posibilidad que pobres y ricos pudieran ser favorecidos. Además, quienes no estaban de acuerdo con las ejecutorias de los gobernantes tenían todas las facilidades para ser elegidos y cambiar el rumbo de la historia. Por otro lado, si alguien se destacaba demasiado y trataba de concentrar el poder, le aplicaban el ostracismo, es decir, el destierro por diez años.

Hoy, en los países de mejor gobernabilidad la oposición es algo importante y muy beligerante. Podemos observar como la oposición en Estados Unidos es muy fuerte, actualmente no permitieron al señor Bush que aprobara el tratado de libre comercio con Colombia porque los demócratas lo consideraban inconveniente. Al expresidente Nixon lo hicieron renunciar e impidieron la reelección de Jimmy Carter por su fundamentalismo liberal. En España, podemos observar la beligerancia del partido conservador contra el presidente Rodríguez Zapatero y la oposición francesa busca por todos los medios derrotar al presidente Sarkozy. Son oposiciones duras, fuertes, a veces injustas pero ellos consideran que es su deber convertirse en alternativa.

En nuestro país estamos llegando a un punto sin retorno. Los amigos del Presidente Uribe consideran que si la oposición hace investigaciones, controvierte los planes y ataca las ejecutorias, está cometiendo actos de felonía o traición. Y el señor Uribe se alarma porque su paisana Piedad Córdoba lo cuestiona o porque el Senador Cristo no está de acuerdo con su gestión y se llena de soberbia cuando el inquieto Petro lleva a cabo un debate en el Congreso.

No faltaba más, nuestra Constitución contempla la oposición como algo esencialmente jurídico y necesario. Es más, diseña una oposición como parte de la democracia. Creemos, por el contrario que nuestra oposición es débil, le falta coherencia y en la forma como está actuado, difícilmente podrá convertirse en alternativa de poder.

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