viernes 19 de junio de 2009 - 10:00 AM

Violación a la intimidad

Es conveniente para la justicia en particular y la sociedad en general que se apliquen los correctivos en las instituciones vinculadas a los hechos y los procesos terminen en sentencias en el célebre caso de las intervenciones telefónicas, llamadas con el eufemismo de 'Chuzadas'.

La violación es muy clara y el país no puede continuar por ese camino, porque fácilmente nos conduce a un peligroso abismo. La violación a los derechos fundamentales es el comienzo de los regímenes autoritarios. Debemos recordar que en todas las sociedades de gobiernos totalitarios, el derecho a la intimidad es el primero que las autoridades tratan de conculcar. En Esparta, famosa ciudad estado de la antigua Grecia había instituciones muy curiosas que servían de pilar  a su despótico sistema. Gobernaban dos reyes con el especial consejo de la gerucia, institución formada por 30 ancianos mayores de 60 años. 

Era una sociedad militarizada, con un estado muy fuerte y una ilusión permanente de triunfar en los campos de batalla. El gobierno contaba con los éforos, funcionarios encargados de vigilar a todos los ciudadanos. Se metían en los corrillos, investigaban el interior de las casas y tenían un total conocimiento de todos los movimientos de los lacedemonios.

Napoleón Bonaparte, encargó a Fouché, el más famoso de los traidores, para que organizara una policía política, cuya misión era conocer el pensamiento y las actividades de todos los franceses. Fue exitosa la misión y el personaje terminó sus días con un curioso título de nobleza.

En la Alemania Nazi, Hitler creó la Gestapo, una de las instituciones más dura y cruel que ha existido en la historia de la humanidad.

Su afán de defender el estado totalitario llevo a los miembros de esta celebre policía a cometer graves excesos y crímenes que hoy forman parte del espectro más negativo de los seres humanos. Y en la Unión Soviética, todavía recordamos la KGB que aterrorizó al mundo por sus asesinatos y por convertirse en un verdadero crisol de conductas reprochables.

En Colombia debemos echar a volar la imaginación retrospectiva para recordar el célebre SIC, modelo de institución contraria a los derechos humanos. Por este recuento histórico no podemos los colombianos permitir que se abran caminos de intolerancia, que solamente pueden desembocar en una sociedad injusta a antidemocrática.

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