Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
El creciente deterioro ambiental del Planeta- mares, ríos, bosques, suelos, aire, clima, extinción de las especies, etc.- exige urgentemente replantear el modelo económico del desperdicio, de la incultura del comprar, usar, y tirar. Se debe consolidar la llamada “economía circular”, que aprovecha productos ya usados para transformados en nuevos. “De la cuna a la cuna y no de la cuna a la tumba”, que de un producto desechable nazca otro y no que termine sepultado en un basurero.
En este contexto el debate sobre el manejo de los desechos sólidos o basuras en Bogotá ha logrado posicionar en la opinión pública dos elementos que habían sido marginales en el proceso de recolección, transporte y disposición final de los mismos: el reciclaje o separación en la fuente y la inclusión laboral de los recicladores como lo ordena el fallo emitido por la Corte Constitucional. Como complemento, por decreto el Alcalde Gustavo Petro ha ordenado reciclar en las residencias, locales comerciales e industrias, así: bolsas de color blanco para los desechos sólidos de vidrio, plástico, metal, papel y cartón; bolsas negras para el resto de desechos que irán al relleno sanitario.
Esto tiene importantes consecuencias económicas, sociales y ecológicas. Económicas: los desechos tienen precio porque son materia prima para nuevos productos industriales. Sociales: en el país hay 50.000 personas recicladoras que ejecutan su trabajo en condiciones muy penosas, miserables, y que por lo tanto hay que incluirlos dignamente a la cadena de valor. Ecológicas: contra el cambio climático; reciclar y transformar una tonelada de papel en nuevos productos equivale a salvar 20 árboles, se ahorran 30.000 litros de agua, y energía equivalente a 200 galones de gasolina. En Colombia se producen 27.000 toneladas de residuos al día y solamente se reciclan el 17%. Reciclemos todos contra el deterioro ambiental: bolsa blanca y bolsa negra.











