Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
Con el fallecimiento del doctor Alfonso Gómez Gómez pierde Santander a uno de sus dirigentes más importantes y ejemplares de los últimos tiempos. Nacido en el pequeño municipio de Galán, con disciplina, tenacidad y constancia supo abrirse paso por el camino de las dificultades hasta alcanzar con éxito, en el complejo mundo de la actividad política, las más importantes dignidades en representación del Partido Liberal, sin sectarismo, con moderación, humildad y rectitud a toda prueba.
Como Concejal, Alcalde de Bucaramanga, Diputado, Gobernador, Senador, Ministro y Embajador, saboreó las mieles del poder y las responsabilidades de los altos cargos de gobierno sin asomo de vanidad o soberbia, el denominador común a tantos personajes. Eficaz servidor público de las comunidades, excelente escucha, viajero incansable por los caminos y carreteables del departamento en búsqueda de adherentes a sus exitosas causas políticas.
En nuestras conversaciones siempre salió a flote el mutuo interés y las preocupaciones por los temas del medio ambiente. Fue un amante de la naturaleza, de los árboles, los bosques y su fauna, de los ríos y el paisaje. Tuvo una pequeña propiedad rural en Oiba, con una hermosa vista sobre el Río Oibita y los cafetales del entorno. Cuando la visitaba hablábamos de ecología, observando copetones, mirlas y azulejos. Tengo muy presente una columna de opinión suya en donde a Consuelo Ordoñez y a mí nos recuerda y dedica el Himno al Árbol, poesía de obligado aprendizaje en mis tiempos de escolar, hoy olvidada y sepultada por la deforestación devastadora.
Cuando lo consideró oportuno se retiró con mucha dignidad a sus cuarteles de invierno, no a rumiar desilusiones o ingratitudes, hijas de la política, sino a leer, a iluminar con sus escritos y reflexiones como Marco Aurelio el emperador filósofo, a educar con la palabra y el buen ejemplo. Paz en su tumba.











