Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
Los efectos del ruido sobre la salud son múltiples: sordera, bajo rendimiento, trastornos del sueño, estrés, efectos cardiovasculares y psicológicos. Además genera agresividad y violencia. Las urbes con mayor calidad de vida en el mundo son silenciosas por su normatividad y cultura ciudadana.
En este contexto, cómo no aplaudir al director de Tránsito de Bucaramanga y colaboradores que están actuando diligentemente sobre los carros discotecas que se habían convertido en pesadillas ruidosas contra los vecinos de parques, calles, licoreras, barrios o miradores. También a la CDMB encargada de elaborar los mapas de ruido para hacer más efectivas las acciones respectivas. A la Secretaría de salud y Medio Ambiente, receptora de quejas y reclamos contra los ruidosos y desde luego a la policía metropolitana. Deben hacer una labor conjunta, planificada, coordinada, permanente y con indicadores de gestión para que los resultados se aprecien por la comunidad.
La tarea no es fácil porque para los ruidosos el derecho al silencio y la tranquilidad no existe. Los focos de ruido son múltiples: discotecas, bares y tabernas sin elementos impermeabilizantes; muchas tiendas de barrio transformadas en expendios de licor con música a alto volumen en las horas de la noche; el vecino fiestero que no deja dormir, los conductores que pitan por todo, el perifoneo, las cornetas y la música estridente de locales comerciales y ni hablar de los conductores pitando a la salida de los colegios.
Se necesita mucha educación ciudadana e información para que la gente reaccione contra la contaminación auditiva que los afecte, utilizando jurídicamente, según los casos, las acciones populares y cuando se demuestre que se afecta la salud, acudir a la acción de tutela o al Código Penal, que en su artículo 332 relacionado con la contaminación ambiental, incluye a los ruidos como posibles causas de penalización con cárcel, fuertes multas y sanciones administrativas.











