martes 28 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Ambientalmente sostenible ( II )

Antes de pensar en talar y podar, la consigna debe ser: arborizar, reverdecer la ciudad. Que no quede un solo espacio, donde sea posible hacerlo, sin que se siembre un árbol.

La ciudad verde. Que bueno que algún día esta fuera una “marca ciudad” de Bucaramanga. Más turistas, mejor calidad del aire, estética y paisaje agradable y mejor hábitat que está relacionado con el concepto moderno de “bosques urbanos“, con ciudades densamente arborizadas, más verdes, menos grises.

En este contexto, es prioritario conservar, vigilar y defender los hermosos bosques de los Cerros Orientales. Son una fábrica de oxígeno y un valioso ecosistema de especies de fauna y flora, según los estudios de caracterización biológica elaborados hace años por la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb.

Su conservación debe ser un propósito superior ambiental colectivo. Lo mismo para los bosques de la escarpa occidental de la ciudad, que han frenado la peligrosa erosión de la zona. Cuidado especial también merecen las áreas arbóreas de las cañadas.

Y fundamental: un objetivo prioritario de sembrar, como mínimo, 250 mil árboles para cumplir con los indicadores científicos de tres árboles por habitante.

Que se densifique la arborizacion de separadores, parques y zonas verdes; que se impidan las talas y las podas sin justificación técnica, y la pintura absurda en el tallo de los árboles. Urgente además: fumigar periódicamente la gran cantidad de oities afectados por hongos u otras enfermedades. Antes de pensar en talar y podar, la consigna debe ser: arborizar, reverdecer la ciudad. Que no quede un solo espacio, donde sea posible hacerlo, sin que se siembre un árbol.

La ciudad sin ruido. El ruido estresa, enferma y genera violencia. En este aspecto, se necesita la aplicación estricta del Código Penal y de Policía, a los bares, tabernas, discotecas, cantinas, tiendas y negocios, que burlan la ley irrespetando, trasnochando y desesperando al sufrido e impotente vecindario.

Acabar con las motos-ruido acondicionadas para tal fin por sus irresponsables conductores, y enfrentar la pitadera, fruto de la creciente incultura ciudadana.

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