martes 19 de enero de 2010 - 10:00 AM

El horror

La tragedia de Haití traspasa los límites de lo imaginable. Las apocalípticas imágenes de multitudes caminando sin rumbo entre decenas de miles de cadáveres y edificios aplastados por las fuerzas infinitas de la naturaleza parecen ser la antesala del infierno descrito por Dante en su inmortal obra literaria.

Con Haití nos une profundos lazos históricos de gratitud y afecto. Su presidente Petión le dio generosamente albergue a nuestro Libertador Simón Bolívar y le ayudó con recursos para su proyecto emancipador. A pesar de lo grandes avances científicos y tecnológicos aun no es posible detectar a tiempo terremotos y tragedias naturales que como la que se comenta, pone a prueba, como pocas veces, la solidaridad y el apoyo de todas las naciones del mundo. Se necesitaran de muchos años e inmensos flujos de recursos financieros y técnicos para reconstruir, física, emocional y económicamente al martirizado país.

Observando lo que le ha ocurrido a la nación caribeña, la más pobre y atrasada de América, vemos que desde su temprana independencia ha caído casi siempre en las garras de la corrupción, el despotismo, la explosión demográfica, el fanatismo acompañado de ignorancia con lo que llaman brujería, magia negra o vudú, y el arrasamiento de sus recursos naturales; han destruido y deforestado el 98% de sus bosques hasta llegar al grado o calificativo de país no viable o estado fallido como les dicen a los que no logran salida alguna en lo político, económico, social o ambiental.

Solidaridad mundial con Haití. El gobierno y el pueblo colombiano lo está haciendo. Es necesaria la puesta en marcha de una especie de Plan Marshall como el que se aplicó en Europa para su recuperación por la devastación dejada por la Segunda Guerra Mundial. Que el mundo y en especial las superpotencias miren a Haití destruido y piensen en lo que le pasara al Planeta en un conflicto con armas nucleares para cuya fabricación dedican sumas incalculables de recursos financieros.

Finalmente: En Colombia, incluyendo Santander, hay zonas de alto riesgo sísmico. Hoy más que nunca las nuevas construcciones deben cumplir estrictamente con las normas sismorresistentes y además impedir desarrollos urbanísticos en zonas de deslave o erosión.

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