martes 16 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Falta la Secretaría del Ambiente

Sí, en los municipios del Área Metropolitana faltan las Secretarías del Medio Ambiente. Las informaciones de prensa y las numerosas quejas de lectores y oyentes relacionadas con el deterioro ambiental urbano, muestran la necesidad de más autoridad ambiental municipal. Un tema tan importante para el bienestar colectivo no puede estar relegado a dependencias subalternas ni depender del entusiasmo y la buena voluntad de un puñado de funcionarios sin los recursos y elementos necesarios para desarrollar una labor eficaz.

No deben ser Secretarías burocratizadas. Basta un pequeño equipo de funcionarios bien formados y capacitados que se encarguen de planificar, organizar y coordinar acciones con otras autoridades o instituciones relacionadas con el tema ambiental, y algo muy importante: que la gente sepa a dónde acudir con sus quejas y problemas en busca de respuestas y soluciones rápidas.

En este contexto tomemos algunos elementos que indican la insostenibilidad ambiental de la ciudad. La contaminación visual, por ejemplo. Pocos cumplen las normas o las desconocen y ninguna autoridad las hace cumplir. Postes saturados de afiches que solo el tiempo y la lluvia hacen desaparecer. Pasacalles, pendones, vallas, letreros, avisos, muñecos inflables de cualquier tamaño puestos donde al interesado se le antoje por el tiempo que quiera. Las primeras víctimas son los árboles heridos a puntillazos para tal fin; avisos metálicos frente a los negocios en andenes y zonas verdes que no permiten caminar, etc. Nadie está en contra de la publicidad planificada, autorizada y que cumpla con las normas.

Otro tema es el del ruido-basura que tanto estresa y enferma, con sus fuentes fijas y móviles y que las autoridades, de oficio deben impedir y controlar. Pedir la intervención de la policía del CAI más cercano es una frustración más de los ciudadanos afectados porque no actúan con la severidad y prontitud requerida, si es que aparecen. Los mapas de ruido ya son conocidos.

Ni qué decir de los carros y motos chimeneas que transitan sin ningún control, envenenando el aire y enfermando pulmones y ojos. Súmese a todo lo anterior la agresión permanente de la que son víctimas los árboles de la ciudad, pelados, descuartizados, deformados y talados.

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