martes 23 de julio de 2019 - 12:00 AM

Hacia la reelección

Con Trump, como negacionista del cambio climático, y con la explosión demográfica global imparable, el planeta continuará hacia el colapso ambiental
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Ha comenzado en los Estados Unidos la lucha electoral por la próxima presidencia; muy fuerte la polarización ideológica entre demócratas y republicanos. Aunque en política no hay nada seguro, para las elecciones que tendrán lugar el 3 de noviembre del 2020, el señor Donald Trump lleva la ventaja de ejercer el poder en función de su propósito de hacerse reelegir. En la campaña pasada, nadie de su equipo pensaba que fueran a ganar. Trump estaba haciendo un ejercicio de marketing político para posicionarse aún más de lo logrado en su programa televisivo, El Aprendiz y fortalecerse para sus futuras actividades empresariales.

Ahora, en medio de sus controvertidas e impredecibles posiciones, sabe lo que hizo posible su anterior victoria: nacionalismo sectario, fundamentalismo extremo contra la migración y promesa de generación de mucho empleo. Bill Clinton, el presidente demócrata, ganó con el slogan: “Es la economía estupido”. Aunque Trump no lo usa textualmente, con este propósito está amenazando y desarrollando un guerra comercial global arancelaria especialmente con China, con la expectativa de que haya más trabajo en su país, que se ha desmejorado fuertemente en la última década por la automatización de procesos de producción en el sector industrial y de servicios, debido a las inevitables tecnologías digitales de la llamada Cuarta Revolución Industrial, 4.0.

Con su consigna de “ Estados Unidos primero”, los muros para atajar migrantes, la rebaja de impuestos para incentivar la inversión, le ha valido el apoyo de las bases políticas de raza blanca, de la extrema derecha, de muchos millonarios y de la poderosa Asociación Nacional del Rifle que defiende el porte de armas.

Con Trump, como negacionista del cambio climático, y con la explosión demográfica global imparable, el planeta continuará hacia el colapso ambiental. Para Colombia, implica una drástica disminución de los cultivos de coca, o el enfriamiento de las relaciones diplomáticas.

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