martes 14 de mayo de 2019 - 12:00 AM

La gran marcha por el agua

Que bueno que en medio de tanta confrontación política, en esta región se dé ejemplo de que cuando hay un propósito superior, como la conservación de un páramo, no hay divergencias

Para los expertos en la materia, la creciente escasez de agua en diversas regiones del planeta, a causa del cambio climático y el calentamiento global, la explosión demográfica, la desastrosa deforestación, entre otras causas, será origen de conflictos bélicos entre países y regiones, y causa de grandes migraciones con graves consecuencias, económicas, políticas, sociales y ambientales.

En este contexto, el viernes pasado se llevó a cabo en Bucaramanga la multitudinaria novena “marcha por el agua”, donde la comunidad expresó con sus consignas la urgencia de proteger el Páramo de Santurbán, que por fortuna y ojalá a tiempo, se ha valorado su importancia vital ambiental, por ser la gran fábrica de agua para el consumo de millones de personas de los dos santanderes.

Aquí es muy válido aplicar lo que se conoce como el “principio de precaución”, que recomienda o exige medidas o acciones adecuadas previas a la posibidad de la ocurrencia de hechos o sucesos peligrosos o inconvenientes, que puedan afectar los intereses individuales, colectivos o al medioambiente.

Y que bueno que en medio de tanta confrontación política nacional, en esta región se dé el ejemplo de que cuando hay un propósito superior, como la conservación de un páramo, no hay divergencias insuperables. El agua es la vida, y primero es lo primero.

Que se delimite pronto científica y técnicamente Santurbán, si existe un imperativo jurídico de hacerlo. Y que se pague a quienes lo habitan por los servicios ambientales que presta el valioso ecosistema; que el ecoturismo sostenible se convierta en generador de empleos y desarrollo de la región.

Que las marchas por el agua sirvan de ejemplo para todos los lugares con ecosistemas en peligro. Está el caso de Santa Marta, con su escasez de agua porque sus habitantes no actuaron a tiempo contra la deforestación y degradación de las cuencas hídricas que la abastecían del “oro azul”.

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