martes 08 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Mundo hipertransparente

Como nunca antes, los servidores públicos están en el ojo del huracán. A cuidar la reputación, que es un bien supremo; ser honesto paga, así algunos crean que no
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Estamos en un mundo hiperconectado; estamos en un mundo hipertransparente. Estamos en la era del comportamiento”. Esta frase es del libro del autor Dov Seidman, titulado: How. Por qué como hacemos las cosas significa tanto.

Hay que reiterarlo continuamente. Es un mensaje que indica que con las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones-TIC- en sus diversas modalidades digitales, ya no hay nada que se pueda ocultar, ni el comportamiento privado. Todo se ve, todo se registra, se grava, se filma y se sabe más temprano que tarde. Ni los poderosos escapan a esta realidad producto de una nueva sociedad hiperdigital, como le está pasando al mismo Donald Trump, con camino hacia un juicio de incalculables consecuencias por sus llamadas telefónicas- gravadas- a un jefe de Estado pidiéndole investigar al hijo del demócrata Joe Biden, su más poderoso rival político.

En este contexto, es muy importante que todos los funcionarios del sector público- ejecutivo, legislativo y judicial- por principios, por prevención o temor, deben leer algunos textos fundamentales para el buen desempeño de sus funciones. Evitarían tentaciones, equivocaciones o errores fatales Uno desde luego, es la Constitución Política, el reglamento supremo del país. También el Código Disciplinario de la Procuraduría General de la Nación, el referente para sus investigaciones y sanciones, y ahora, el nuevo Código Fiscal de la Contraloría General.

Y un texto fundamental: El Código Penal. No se necesita ser un profesional en la materia para entender la definición y las consecuencias de los delitos relacionados con el sector público, tales como: Cohecho, concusión, contrato sin cumplimiento de requisitos legales, enriquecimiento ilícito, interés indebido en la celebración de contratos, peculado, prevaricato por acción u omisión, tráfico de influencias, intervención en política, etc.

Como nunca antes, los servidores públicos están en el ojo del huracán. A cuidar la reputación, que es un bien supremo; ser honesto paga, así algunos crean que no.

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