martes 22 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Tiempo para el espíritu

En las festividades de Navidad y Año Nuevo siempre es costumbre hacer un balance sobre lo que individualmente se hizo o se dejó de hacer en el año que termina. Pero bueno también reflexionar sobre la importancia de la vida interior y espiritual en una época propicia para el encuentro familiar, las reuniones con los amigos, dar y recibir presentes; es un corto período en que cambia la manera de percibir y vivir la vida.

En estas fechas se aumenta, a veces artificialmente, otras con autenticidad, el espíritu cada día más escaso de la solidaridad, la compasión, el respeto y el afecto por los demás. Ojalá que siempre rodaran en nuestro entorno las emociones y sentimientos buenos que aparecen en las épocas navideñas. El relato maestro de Charles Dickens en Un Cuento de Navidad, es quizá la radiografía del actuar humano; sólo cuando estamos ad portas de situaciones inimaginables, es cuando nos acordamos de cambiar, de darnos cuenta que los demás también forman parte de la sociedad y que la mezquindad y el egoísmo deben ser cambiados por la fraternidad.

Nada más emocionante que el reencuentro con los seres queridos en el aeropuerto, en la terminal de transporte; nada más agradable que el significado del mensaje de alguien en tierra lejana; nada más integrador que las reuniones de las familias que hacía mucho no se veían.

Se inicia la segunda década del Siglo XXI, con un mundo cada día más empequeñecido por la información gracias a las tecnologías de las comunicaciones; más complejo, difícil y hostil, con retos infinitos y oportunidades inmensas si hay trabajo y disciplina porque nada es fácil ni gratis en este mundo de la globalidad donde nuestro competidor ya no está a la vuelta de la esquina o en la otra ciudad, sino en cualquier parte del planeta.

Sin duda el espíritu navideño nos debe acercar a lo que Gandhi, el del alma grande decía, que si uno está en paz consigo mismo, al menos hay un sitio pacífico en la Tierra. Que en estas celebraciones, la paz empiece por nosotros mismos, desarmando los corazones para la compasión, la solidaridad y el respeto.

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