sábado 05 de agosto de 2023 - 12:00 AM

Hernán Clavijo Granados

Responsabilidad y consecuencias

En cualquier actividad que una persona desarrolle, existen una serie de factores que determinaran el resultado; los recursos disponibles, las condiciones de mercado, el esfuerzo de las personas involucradas, la gestión, la voluntad política, la preparación, la idoneidad, incluso la suerte tiene algo que ver con el resultado. Pero hay un factor que es determinante en este proceso: la toma de decisiones.

Tomar decisiones, consiste en escoger entre dos o más alternativas, es decir, requiere de un proceso de análisis de escenarios en el que la persona que decide, con base en su conocimiento, los valores y creencias, y utilizando su criterio y capacidad de razonamiento, evalúa el resultado de una determinada acción y su impacto en el entorno, en su vida y en la de los demás. Por supuesto, la toma de decisiones está íntimamente relacionada con la responsabilidad, y esta, con las consecuencias de la decisión tomada.

Causa mucha curiosidad que las personas busquen riqueza, estatus, reconocimiento, y demás factores que lo acerquen más al poder (a la toma de decisiones), y a la hora de asumir las consecuencias, no sean capaces de asumir su responsabilidad por las decisiones tomadas.

Nadie dijo que fuera fácil tomar decisiones; de hecho, requiere de preparación, conocimiento y experiencia. Cuando escoger entre dos escenarios resulta muy complejo o resulta imposible sobreponer un valor sobre otro, se presenta una de dos situaciones: existe un dilema ético o existe una prueba de integridad. El dilema ético es aquel en el que es difícil escoger cuál de las alternativas es la mejor (o menos peor), por ejemplo, si sólo hay cupo para llevar a una persona en el último vuelo, se hace difícil escoger entre la mamá de unos niños pequeños que debe viajar para atenderlos y un médico que está viajando para operar a un enfermo. Por otra parte, la prueba de integridad es aquella en la que es claro qué es lo correcto, (lo que se debe decidir), pero es difícil asumir las consecuencias, por ejemplo, recibir dinero del narcotráfico para financiar una campaña electoral; está claro que no se debe recibir, pero ¿cuál es la peor consecuencia, perder las elecciones o exponerse a ser juzgado y condenado?

Se supone que, a lo largo de la vida, nos preparamos para progresar y tener espacios de participación y toma de decisiones. Lo cierto es que, en estos espacios, necesitamos gente más responsable, ética y que asuma las consecuencias de sus acciones.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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