lunes 17 de septiembre de 2012 - 12:00 AM

Procurador no habemus

“Soy la persona más discriminada de Colombia”, dijo el Procurador Ordóñez. En un país machista, racista, clasista, homofóbico y violento, la frase resultó ser bastante exagerada. Pero todos entendimos a qué se refería: a las críticas que llueven sobre él por ser católico y no creer en el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay y otras prácticas que contradicen su conciencia.

Obedecer la conciencia es el primer mandato de la ética y en eso el Procurador tiene razón. Aún más: el hecho de ser católico – o masón, o budista, o ateo- no le quita (ni le pone) méritos a nadie para ocupar puestos públicos. Los “progresistas” que censuran a Ordoñez por sus creencias en realidad son los retardatarios.

Entre las creencias de Ordóñez hay una sola que lo inhabilita para ser Procurador: es su tesis, basada en San Agustín, de que “la ley injusta no es ley”, o sea que debemos violar la ley injusta. Es lo mismo que piensan (o pensaban) las Farc o los mormones, es una incitación abierta a la subversión, y es la única creencia que no cabe en una democracia pluralista.

Con todo y eso, en 2008 Ordóñez fue elegido para el cargo. Y aquí él va entrando en una zona gris que se acentúa: interpretar la Constitución desde la moral católica. Todas las normas son susceptibles de interpretación, pero un funcionario no puede hacerlo a la luz de un código moral que excluye o contradice los códigos morales de otros grupos. Y es porque nadie tiene derecho a imponer su conciencia al otro.

Digo que el gris se acentuó porque las interpretaciones del Procurador contradecían las más autorizadas de la Corte: no sólo en los conceptos previos a los fallos (lo cual es natural) sino en sus críticas abiertas a decisiones de este tribunal (lo cual es indebido), e incluso en negativas a cumplir sus sentencias (lo cual es ilegal). Por eso Ordóñez está legalmente impedido para la reelección.

También está impedido moralmente: mintió a sabiendas sobre la “píldora del día siguiente”, la objeción de conciencia y la supuesta “campaña” de la Corte para promover los abortos en Colombia. Por lógica, sino por ética, el Procurador que sancionó a gerentes, alcaldes y diputados por incluir información falsa en documentos públicos, debería auto-destituirse.

Está además impedido políticamente: no puede ser que los congresistas cuya conducta supuestamente ha venido vigilando, voten a su favor o en su contra para que siga vigilándolos. Pero en Colombia no hay política sino pequeña política. *Director de www.razonpublica.com

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