Publicado por: Horacio Serpa
Recién posesionado como Alcalde de Barrancabermeja en 1969, el Presidente del Concejo me visitó para que comentáramos asuntos de interés para la ciudad. Era un hombre bajito, fornido, de pelo ensortijado, serio, con camisa clara de manga corta, quien tan pronto se sentó frente a mi escritorio me miró fijamente a los ojos y me dijo: “Vengo a decirle que no estuve ni estoy de acuerdo con su nombramiento. Aquí hay mucha gente buena que puede desempeñar con lujo de competencia el cargo y no se justifica que tenga que venir un extraño a gobernarnos”.
Quedé de una pieza. Hacía varios años vivía en Barrancabermeja, a donde llegué como Juez Primero Civil Municipal. Luego fui Juez Penal del Circuito y más tarde Juez Superior. Atendiendo esa importante tarea me encontraba cuando Álvaro Carvajal Vecino y otros amigos militantes, como yo, del Movimiento Revolucionario Liberal ---MRL--- me propusieron para Alcalde al Gobernador
Alfonso Gómez Gómez, quien igual fue del MRL y me había conocido en San Vicente de Chucurí, donde fui Juez.
Luego de su comentario, Orlando Pinilla, médico vinculado a Ecopetrol, quien cumplía una labor cívica en el Cabildo, me comentó que una de las razones por las cuales el Puerto no crecía ni mejoraba, era la de que los funcionarios públicos venían de cualquier lugar, desplazaban a los barranqueños, trabajaban sin compromiso y luego se iban a otras partes. Por eso, agregó, “usted no me simpatiza”. También dijo: “Pero esta es mi ciudad y usted el Alcalde, y mientras lo sea quiero que le vaya bien, y yo haré en el Concejo todo lo necesario para que su permanencia le sea grata y le sirva a la ciudad. Ojalá se quede en Barrancabermeja, para que aprenda a quererla y a defenderla”.
Así era Orlando, frentero, de carácter, bravo a veces, liberal, de mucha simpatía. Un hombre de grandes proyectos que a fuerza de comentarlos y proponerlos, los volvía viables. Como el Puente entre el Puerto y Yondó.
Se fue hace un par de semanas, cuando con Rosita estábamos lejos del País. Había servido demasiado. Hacen falta hombres como él. Y falta su columna de Vanguardia Liberal. Fuimos amigos 44 años y en honor a sus palabras, viví en Barrancabermeja 34 años seguidos y soy el más apasionado de todos los barranqueños.










