sábado 18 de enero de 2020 - 12:00 AM

Bajo un techo de tierra

Mediante cubiertas vegetales en los techos, y con fachadas, donde las plantas tengan un protagonismo relevante, se podría mejorar el clima y limpiar el aire contaminado
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Cuando hace 15 años decidí construir una casa en Bucaramanga, escogí ponerle techo de tierra. Esto hizo que tuviera que escuchar repetidamente el mismo comentario: “¡Pero, cómo se te ocurre, te vas a llenar de goteras!”. El mismo calculista sintetizó mi idea diciendo “¡ah, comprendo, usted lo que quiere es vivir en una cueva!”. Sin embargo, la cubierta vegetal de mi techo nunca ha generado goteras, ni tampoco yo he tenido claustrofobia por vivir bajo tierra. En cambio sí he experimentado grandes ventajas, porque la tierra aísla los espacios interiores de las temperaturas exteriores, así, cuando hace calor afuera, adentro está fresco y si hay frío afuera, se conserva el calor. Esos 60 centímetros de tierra están sembrados de grama, que atrapa la humedad y modera extraordinariamente las variaciones de temperatura.

El concepto de un techo verde no es nuevo dentro de la arquitectura. Es una técnica de construcción que se ha empleado desde hace siglos: en los países nórdicos para protegerse durante los gélidos inviernos y en Tanzania (África) para aislar los interiores del ardiente calor externo. En 1960 comenzaron a popularizarse los techos verdes en Alemania, hoy el 10% de los edificios tienen cubierta vegetal. En la década de los ochenta, Austria regaló al mundo los diseños arquitectónicos del artista Hundertwasser: pisos ondulantes que exigen caminar conscientemente, tejados recubiertos de tierra y vegetación y árboles que crecen dentro de las habitaciones y asoman tímidamente sus ramas por las ventanas, integrando fachada y naturaleza. Y la tendencia ecológica de techos verdes se ha expandido ya a Estados Unidos, Inglaterra, España, México y Japón.

La concentración de construcciones de hormigón, el tránsito vehicular y el asfalto han llevado a un sobrecalentamiento de las zonas urbanas. Mediante cubiertas vegetales en los techos, y con fachadas, donde las plantas tengan un protagonismo relevante, se podría mejorar el clima y limpiar el aire contaminado que ahora respiramos.

Bastaría con un 10% a 20% de cubiertas vegetales con techos como el mío, para generar grandes beneficios ambientales.

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