sábado 04 de julio de 2020 - 12:00 AM

De héroes y de santos

Dios es amor y su creación es perfecta abundancia, belleza y armonía. Por eso quienes lo buscan en el dolor y el sufrimiento nunca lo encontrarán...
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La historia recopila las hazañas de muchos hombres calificándolos de “héroes” y sus nombres prevalecen a través del tiempo. Pero ni son todos los que están, ni están todos los que son, porque muchos de ellos deberían ser descalificados por psicópatas. Uno de ellos: Ricardo “corazón de león” (héroe cristiano de la tercera cruzada) según la Enciclopedia Británica: “era un hombre duro, irresponsable, irascible, insensible, traicionero y capaz de extrema crueldad”. Eso lo probó en la conquista de Jerusalén donde ordenó masacrar a todos sus habitantes, así miles de inocentes fueron acribillados sin piedad. Guerras y matanzas parecidas, causadas por la ambición desmesurada y el deseo de poder han saturado el Olimpo de la fama, mientras que los verdaderos valores humanos permanecen ocultos todavía.

Revisando las vidas de los santos sorprende su búsqueda de Dios a través del dolor: mortificaciones, flagelaciones, tortura y martirio. A ellos un psicólogo moderno los diagnosticaría como sadomasoquistas. Un ser humano nace inocente pero, si desde la cuna lo etiquetan de “pecador”, la culpabilidad se asentará en su inconsciente junto con el mandato oculto de buscar castigo. El efecto secundario es el odio hacia sí mismo que anula el amor. Quienes acepten esa peligrosa creencia corren peligro de identificarse interiormente mas con Torquemada, que con las enseñanzas de Jesús. Tal vez sean estas las raíces de tanto énfasis en las conmemoraciones de la pasión y crucifixión de Cristo, mientras su sublime espiritualidad y extraordinario ejemplo tiene tan pocos seguidores.

Dios es amor y su creación es perfecta abundancia, belleza y armonía. Por eso quienes lo buscan en el dolor y el sufrimiento nunca lo encontrarán, por el contrario, ahondarán más el abismo de su separación.

Los verdaderos santos son quienes, desde su corazón, despiertan la energía del amor universal que los eleva por encima de la polaridad y de los juicios. Con ese ascenso nace la consciencia de unidad que los guiará, en medio de felicidad y sonrisas, por el “Camino de la Verdad y de la Vida”.

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