sábado 11 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Dejar de sufrir

La aceptación de situaciones y personas como son nos desarrolla la capacidad de ser felices interiormente, sin depender de lo que ocurra externamente

La vida diaria nos presenta muchos obstáculos que no podemos evitar, pero si aprendemos a soltar aquellos donde no podemos actuar, disminuiremos buena parte de la carga que nos causa preocupación, angustia y desgaste físico. No podemos actuar para corregir el pasado, ni cambiar nuestras acciones donde creemos que habríamos podido hacerlo mejor. Hay entonces que cancelar ese recuerdo que nos hace sentir culpables y pensar en cambio que la experiencia fue valiosa, porque en adelante lo haremos mejor. Por otro lado, para muchos el futuro es fuente de miedo y preocupación. Esas percepciones negativas también es preciso desterrarlas y en cambio generar la seguridad de que siempre tendremos lo necesario, a condición de que ahora valoremos y agradezcamos aquello que poseemos.

Para vivir el presente en forma óptima hay que comprender que el objetivo de la vida es aprender. Antes de encarnar, el alma analiza cuáles son los aspectos de sabiduría que le faltan y planea las circunstancias que la llevarán a adquirirlos. Esta planeación es similar a tender una carrilera para que un tren transite y además construir las estaciones donde unos pasajeros descienden y otros suben. En la vida no podremos salirnos del camino trazado, ni evitar las experiencias y relaciones que cada ciclo ofrece. ¡Tenemos libre albedrío, sí!, pero para escoger la actitud con la que asumiremos cada reto. Podemos vivirlo: riendo o llorando, felices o amargados, conscientes o inconscientes y completar el recorrido a toda velocidad, o quedarnos rezagados. Ese es nuestro privilegio.

La felicidad es el arte de mantener la actitud correcta. Cuando aceptamos lo que la vida nos da y suprimimos las luchas por tratar de torcer nuestra ruta, evitaremos mucha frustración y sufrimiento. La aceptación de situaciones y personas como son nos desarrolla la capacidad de ser felices interiormente, sin depender de lo que ocurra externamente. No se trata de resignación, sino de la profunda convicción de que detrás de cada dificultad hay escondidas lecciones que, cuando las aprendamos, quedarán disueltos los obstáculos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad