sábado 20 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

El arte de ser felices

La felicidad es un estado interior de integración al que se llega individualmente cuando la frecuencia del amor alcanza un nivel muy elevado.

Amigo: convertirás tu vida en arte si decides conocerte, aceptarte y amarte a ti mismo tal como eres. Cuando ya hayas generado esa aceptación y amor por ti, entonces podrás expandirte para comprender, aceptar y amar incondicionalmente a todos los demás seres. La flama del amor, que enciendas en tu corazón, será la que origine para ti ese estado inefable llamado felicidad. Además ten por seguro que de lo mismo que das, también recibes.

Equivocadamente la religión ha clasificado al amor propio como “egoísmo”, sin embargo predican que debes “amar al prójimo como a ti mismo”. ¿Quién puede dar de lo que no tiene? “Egoísta es aquel que quiere cambiar a los demás para él sentirse bien,” decía mi maestro Gerardo Schmedling. Querer cambiar al otro sucede a menudo entre quienes contraen matrimonio, esperando que sea su cónyuge quien les dé la felicidad que añoran. Pero nadie tiene el poder de dar felicidad a otro y a esos ilusos les espera una desagradable experiencia. La felicidad es un estado interior de integración al que se llega individualmente cuando la frecuencia del amor alcanza un nivel muy elevado.

La idea de que todos somos iguales es una falacia, que se convirtió en creencia desde la revolución francesa. No fuimos creados iguales, cada humano es especial y único, que vino a este plano a cumplir una función determinada. Ante los ojos de Dios cada uno es perfecto para ocupar el sitio que le corresponde, que es donde mayores posibilidades tiene de aprender y evolucionar. Si ejercemos el derecho a ser diferentes, salimos del rebaño y nos hacemos difíciles de controlar. Por eso hay quienes quieren impedirlo: La moda por ejemplo, pretende meternos a todos dentro del mismo molde, o el mercadeo: ellos son expertos en programar nuestro inconsciente para el consumo desaforado. Para cambiar el mundo debemos comenzar por cambiarnos a nosotros mismos, eso implica enfocarnos en pasar de la mente al corazón, el que en vez de dividir, unifica con el poder del amor.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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