sábado 23 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

El despertar de la conciencia

Las emociones retrógra-das, como el odio y la ira, de-ben disolverse para ser sus-tituidas por sus valores opuestos...
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Imaginemos el proceso del despertar de la consciencia como un edificio de tres pisos, donde el primer nivel es el más denso. Según estadísticas, el 67% de los bumangueses habita allí, que es donde “abundan: peleas callejeras, riñas entre familiares y lesiones personales”. El humano, todavía inconsciente, conserva algunas características animales: es territorial, altamente susceptible y reactivo (ataca o huye). Por otro lado vive anclado a lo físico y pendiente de lo exterior para buscar aprobación, mientras que en el interior le desgarra su pobre autoestima. Por su agresividad, también es incapaz de sostener buenas relaciones y el miedo y la soledad lo acosan. La única herramienta para superar este estado lamentable es la repetición de experiencias semejantes, así algún día se cansará de embestir trapos rojos y decidirá cambiar.

En el segundo piso todos los infortunios provienen de la mente: allí guardamos las creencias viciadas propias de la cultura vigente, y también los traumas ocultos sembrados en el inconsciente. La propuesta es limpiar esos archivos que nos limitan, lo que implica asumir el duro trabajo de desaprender. Todas las creencias deben ser verificadas (observando los resultados) y descartadas cuando son erróneas. Y las emociones retrógradas, como el odio y la ira, deben disolverse para ser sustituidas por sus valores opuestos.

El regalo más extraordinario que el hombre recibió del Creador es la consciencia, que al principio está dormida. Cuando finalmente despierta permite contemplar un horizonte mucho más amplio y con esta visión termina el juego de la polaridad (bueno o malo), porque hemos llegado a la comprensión de que todo en la creación es perfecto. Simultáneamente iremos descubriendo el poder del corazón y llegará el día en que encendamos allí el fuego del amor incondicional que nos redime. El proceso culmina con la experiencia mística de sentirse “Uno con Todo lo que Es”.

En adelante ese humano, con consciencia galáctica, vivirá en el reino de la perfecta paz, armonía y felicidad, cualidades que le atraen todas las bondades del universo.

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