sábado 25 de noviembre de 2023 - 12:10 AM

Hortensia Galvis Ramírez

Hacia la consciencia de unidad

Toda creación resulta de la unión de dos tipos de energía: la eléctrica o masculina, que en los humanos procede de la mente, y la magnética o femenina, que trasmite el corazón. Nuestra civilización se ha limitado a desarrollar solo el poder de lo masculino, sin alcanzar nunca el umbral de la armonía. Faltó abrir las puertas al amor, que mora en el corazón, para alcanzar el equilibrio perfecto. Recordemos que, cuando la mente crea desde el pensamiento enfocado, esa creación estará sometida a las leyes de la polaridad y nacerá acarreando consigo su propia sombra. Mientras que una creación hecha desde el amor siempre manifestará la perfecta unidad.

La civilización que ahora termina se forjó desde la mirada miope de la polaridad, pero ahora nuestro siguiente escalón evolutivo pide entrar en la unidad para desarrollar todas nuestras capacidades dormidas. Si deseas lograrlo comienza tomando consciencia de como te sientes en cada momento, observa si estás sosteniendo una energía armoniosa, o experimentas depresión y negatividad. Para equilibrarte imagina que con la inhalación llevas amor al corazón y desde allí exhalas gratitud, Al repetir esta respiración consciente ya no estarás centrado en tus pensamientos duales y sus juicios, sino que del corazón te llegarán sensaciones y sentimientos de bienestar y paz.

Consciencia de unidad es poder contemplar un río desde su nacimiento hasta la desembocadura, en vez de verlo solamente hasta la siguiente curva. Esta parábola del maestro chino Chuang Tzu ilustra bien esas dos posibilidades: “hubo una vez un hombre sabio que poseía dos tesoros: su hijo y un hermoso caballo. Un día el caballo escapó y no pudieron encontrarlo. Abundaron las demostraciones de pesar, a las que el respondía: “es la voluntad de Dios, todo es perfecto”. Semanas después retornó el caballo acompañado de varias yeguas. A la alegría general el sabio repetía: “las acepto, es la voluntad de Dios”. Un día el hijo del sabio decidió montar una de las yeguas, esta se encabritó y lo lanzó sobre una piedra, como resultado hubo que cortarle una pierna. De nuevo se multiplicaron las manifestaciones de pesar, que él rechazaba diciendo: “que así sea, es la voluntad de Dios”. Meses después se inició una guerra entre chinos y japoneses y los militares pasaron por el pueblo reclutando jóvenes que pudieran combatir, solo uno pudo escapar: el hijo del sabio al que faltaba una pierna”.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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