sábado 06 de junio de 2020 - 12:00 AM

La ciencia de la felicidad

Una de las principales experiencias que generan sufrimiento es la de tratar de cambiar a los demás, además de ser un imposible físico y emocional, estaríamos violando el libre albedrío de la otra persona
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Si existe un secreto para encontrar la felicidad, ese sería la aceptación. “Cuando una persona acepta la realidad, se produce un cambio interno que lo libera del sufrimiento y al contrario, no aceptar la realidad mantiene la mente humana esclavizada al sufrimiento”, dice mi maestro Gerardo Schmedling. En este tiempo vienen profundos cambios que, si los rechazamos, nos quedaremos rezagados en un mundo que ya ha dejado de existir. Es absolutamente necesario estar afinados con lo que nace y no con lo que muere y aprender el arte de fluir con la vida.

Una de las principales experiencias que generan sufrimiento es la de tratar de cambiar a los demás, además de ser un imposible físico y emocional, estaríamos violando el libre albedrío de la otra persona y haciéndole la vida imposible. Cuando en vez de fijarnos en sus defectos, o en aquello que nos molesta, cambiamos el enfoque y nos concentramos en sus cualidades a eso le llamamos enamoramiento. Cuando en una relación damos al otro lo mejor de nosotros mismos veremos que la otra persona nos responde desde lo mejor de sí mismo. Y lo contrario también es verdad. El gran secreto en estos casos también es la aceptación.

Cuando tenemos que aceptar que en una relación matrimonial ya no existe afinidad, ni atracción y se ha desgastado el amor, lo mejor es separarse. Nos enseñan que el matrimonio debe durar “hasta que la muerte los separe”, pero esa es una interpretación distorsionada de la verdad. La ley de Dios se caracteriza por ser inmutable, como la ley de gravedad: si se tira uno de un piso quince, se mata, así no sea consciente de que existe esa ley. En cambio, una pareja puede obtener su divorcio en cualquier notaría. El mandato de que “hasta que la muerte los separe” ¡sí es real! pero se aplica es a los frutos del matrimonio: los hijos. En ellos su genética no podrá separar la herencia materna de la paterna, sino solo cuando la muerte ocurre.

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