sábado 13 de marzo de 2021 - 12:00 AM

La energía femenina

Y el amor que activará el respeto que debemos a nuestra madre Tierra, que ha sido vilipendiada y profanada (igual que innumerables mujeres a lo largo de la historia). Gaia es nuestro hogar y nuestra única esperanza de supervivencia.
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La respiración tiene un ritmo inexorable: primero inhalamos y luego exhalamos. Ocurre en el hombre igual que a gran escala en planetas y en el mismo universo, ella va marcando los ciclos. En los 26.000 años que duró nuestro último ciclo, el aliento que dominó fue la energía eléctrica, o masculina, que impulsó el desarrollo de la mente y jugó con la división del todo, en sus partes. La ciencia se especializó casi hasta perder la noción de totalidad. En las mentes humanas triunfaron los juicios que fragmentaron la sociedad de acuerdo al: origen, género y raza de un hombre. Hasta el contacto con Dios se vio fraccionado en distintos dogmas, cada uno generando rechazo al “impío” y desencadenando: persecuciones, torturas y guerras. Las antiguas lecciones de paz y de amor fueron solo material para los sermones del púlpito.

Hemos comenzado ya el tiempo de la exhalación, que ofrece el impulso necesario para desarrollar los valores contrarios. Este ciclo está regido por la energía magnética femenina, que logrará unir la sabiduría de la mente, con el amor que guarda el corazón. De esta unión nacerán: el poder para cancelar las guerras, que nunca han traído triunfos sino desgracias, la tenacidad para sustituir la competencia, que enfrenta a los hombres, por la cooperación, que los une. Y el amor que activará el respeto que debemos a nuestra madre Tierra, que ha sido vilipendiada y profanada (igual que innumerables mujeres a lo largo de la historia). Gaia es nuestro hogar y nuestra única esperanza de supervivencia.

Cuando exhalamos retorna el aliento a su punto inicial. También a nosotros nos llevará a la unidad con la Fuente que es nuestro origen. Este proceso de despertar es individual y comienza en cada ser cuando hace el propósito de anular los juicios. Con esta la técnica podremos salir de la polaridad (bueno-malo) para entrar en la aceptación del otro tal como es, sin pretender cambiarlo. De eso se trata el amor incondicional que ahora solo practican las madres con sus pequeñas crías.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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