sábado 20 de julio de 2019 - 12:00 AM

La paz-ciencia

Paz-ciencia es la conexión interna que, si se activa, nos lleva a trascender el tiempo y a elevarnos a una dimensión donde no se piensa, no se juzga y nos hacemos incondicionales.

Nada que valga la pena en este plano lo encontramos hecho. El aprendizaje es lento, porque tenemos que conquistar cada centímetro de recorrido con nuestros propios méritos. Y precisamente es en medio de las dificultades donde la paciencia puede hacer variar los resultados, inclinándolos a nuestro favor, o en nuestra contra. Nada más consideremos el tiempo que transcurre, desde que concebimos una idea, hasta que logramos materializarla.

La paz-ciencia es una condición interna que se esfuma en cuanto nos enfocamos en el transcurrir del tiempo, o cuando fijamos el pensamiento en razonar, juzgar y condenar al otro. Cuando esto ocurre, el cuerpo desencadena una reacción automática de desasosiego y ansiedad. Si la misma actitud persiste, la inquietud se acumula y puede volverse crónica, o la presión puede incrementarse hasta hacer explosión, trayendo consecuencias que después lamentaremos.

Existe una forma fácil para neutralizar ese rechazo. Consiste en hacer consciente la respiración observando internamente el ahora inhalo, ahora exhalo, así el ritmo respiratorio gradualmente se hará más lento. Con esta acción nuestra mente estará concentrada en la sensación interna de calma y ya no dependerá de lo que ocurra exteriormente, Pero, si ante la misma situación sentimos que el descontento nos inunda y nos quema por dentro e insistimos ciegamente en imponer nuestro criterio... en vez de acción experimentaremos una reacción automática de disgusto que desembocará en palabras o acciones agresivas.

Tengamos en cuenta que la paciencia no es una disciplina de autocontrol, sino un estado de conciencia. Paz-ciencia es la conexión interna que, si se activa, nos lleva a trascender el tiempo y a elevarnos a una dimensión donde no se piensa, no se juzga y nos hacemos incondicionales. Cuando, por medio de prácticas de introversión y meditación, logramos descubrir ese refugio mágico, nada que ocurra exteriormente podrá ya afectarnos. Entonces habremos cambiado las preocupaciones normales del humano, por el regocijo permanente del espíritu, que se solaza en identificar la perfección que existe en cada instante.

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