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Hortensia Galvis Ramírez
Viernes 19 de enero de 2024 - 12:00 PM

La Tierra es un ser vivo

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Hasta hace poco tiempo existía la creencia de que la Tierra era solo una esfera de materia inerte que existía para ser explotada en nuestro propio beneficio. Esta idea dominó por cerca de 400 años y fue la causa de una guerra contra la naturaleza, de proporciones globales, que causó la crisis ambiental que experimentamos ahora. El científico inglés James Lovelock fue quien con su inspiración e inteligencia anuló esta disparatada teoría.

En 1960 la NASA buscaba un científico capaz de diseñar y construir un instrumento para detectar si existía vida en Marte, deseaban incluirlo en la siguiente misión Viking al planeta rojo. El científico escogido fue James Lovelock, por su hoja de vida y capacidades extraordinarias como inventor. Desde el comienzo él intuyó que la forma más precisa de hacerlo era midiendo su atmósfera. Pero, para su desilusión, cuando tuvo su invención terminada, esa misión a Marte había sido cancelada. A pesar de ello el Dr. Lovelock no suspendió el proyecto, se enteró de que el telescopio Pic de Midi en Francia había obtenido la composición atmosférica de Venus y de Marte y con esos datos él podría averiguar si allí existía vida. Después de sus mediciones, los resultados mostraron que los dos planetas mencionados tenían un equilibrio con base en dióxido de carbono, pero en su atmósfera no ocurría ninguna reacción química, mientras que la atmósfera de la Tierra mostraba una sorprendente actividad e interacción entre todos sus elementos. De ahí llegó a la conclusión de que esa actividad era la prueba contundente de la existencia de vida.

Pero este no fue el final de los descubrimientos de Lovelock, también comprobó que la proporción de oxígeno en la atmósfera de la Tierra había permanecido constante desde hacía 300 millones de años, a pesar de los innumerables cambios geológicos ocurridos. Entonces, intuitivamente, comprendió que la Tierra era un gigantesco organismo vivo con la capacidad de regularse a sí misma, manteniendo siempre una atmósfera propicia para sostener la vida. Como reconocimiento a la Tierra como ser vivo, el Dr. Lovelock le dio el nombre de Gaia, en recuerdo de la diosa griega que personificaba antiguamente al planeta. Esta certeza científica puso fin a la creencia de la Tierra como una esfera de materia muerta y nació la devoción por ella como ser vivo. Gaia es nuestra madre planetaria que amorosamente nos sostiene la vida.

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