sábado 31 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Notas al Festival Internacional de Piano

El verdadero climax del Festival fue la intervención del alemán Heinrich Alpers con la Tercera Sinfonía de Beethoven, en arreglo de Liszt
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Hubo este año tres actuaciones sobresalientes en el Festival Internacional de Piano: escuchamos en el Teatro Santander a la orquesta Filarmónica de Bogotá dirigida por Andrés Felipe Jaime con el pianista ruso Alexei Melnikov como solista, ellos interpretaron dos obras de Beethoven que disfrutamos mucho. En cambio la Sinfonía opus 21 de Anton Webern, de estilo puntillista, no fue tan bien acogida, incluso algunos llegaron a confundirla como un segundo intento por afinar la orquesta.

Otro pianista ruso, Alexander Lubyantsev mostró un extraordinario dominio del leggiero, que le permitió rendir un Gaspard de la Nuit de Ravel lleno de magia y sutileza en las sonoridades etéreas del impresionismo. En Rusia la formación de los pianistas comienza a los tres años, con los mejores profesores disponibles. A esa edad todavía están formándose las manos que, ejercitadas tempranamente, crecen adaptándose a las exigencias del teclado. La falla de la escuela rusa es restar importancia al estilo musical de cada época. En Lubyantsev observamos su total desconocimiento del ritmo que hace bailable la Mazurka, sin ese ingrediente vital, las danzas de Chopin resultaron planas y sin ningún carácter.

El verdadero climax del Festival fue la intervención del alemán Heinrich Alpers con la Tercera Sinfonía de Beethoven, en arreglo de Liszt. Alpers, mas que pianista, es un músico integral de gran envergadura. Su dinámica pianística tiene todos los delicados matices y la amplitud sonora de una orquesta .

Finalizado el concierto del Teatro Santander, sentí pena ajena por los aplausos a destiempo y el olor a crispeta que se desparramó por la sala. Para escuchar música clásica se requiere educación, justamente lo que el teatro Santander no puede suministrar con su programación actual de muy baja categoría. Lástima, tanto mal gusto ha degradado nuestro “Templo de la Música” convirtiéndolo en un mediocre “Teatro de Variedades” con oferta de: espectáculos de circo, vallenatos, patinaje en el hielo, y promoción de orquestas típicas, que seguramente aportan el mismo bochinche callejero tan popular en nuestro medio.

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