miércoles 22 de julio de 2020 - 12:00 AM

Dos ciudades

Los pobladores y la ciudad llevaban la peor parte cuando los mandamases se disputaban algún negocio relacionado con el uso del suelo, pues ni hacían, ni dejaban hacer.
Escuchar este artículo

En una antigua comarca coexistían dos ciudades. Una era famosa por ser supuestamente “el mejor vividero” del reino, esta era próspera, hermosa, apacible, silenciosa, limpia, ordenada, segura y tranquila.

La otra era pobre, fea, bulliciosa, sucia, desordenada, insegura y violenta.

Aunque todos la conocían como una sola urbe, sus gobernantes habían construido dentro de ella, una ciudad para ellos y otra para los que los elegían.

Al principio los mandamases se ubicaron en la parte alta de la ciudad, pero luego cuando el bullicio y la suciedad los alcanzó, decidieron irse a vivir todos a las afueras, separados en una especie de “gheto” sobre otra pequeña meseta aledaña, desde la que se podían ver los vestigios de lo que otrora había sido en verdad “el mejor vividero” del reino.

Aunque este pequeño “gheto” era considerado el más seguro y exclusivo sector de la ciudad, por sus extensas zonas verdes y sus imponentes edificaciones, lo cierto es que allí moraban los más peligrosos delincuentes entremezclados disimuladamente entre la prosperidad de algunos otros buenos ciudadanos. Sin embargo los soldados del reino solían capturar solamente a los delincuentes más pobres.

Así, aquellos mandamases pretendían gobernar la ciudad como una sola. Ignorando las querencias y necesidades de la otra ciudad. La que ellos no habitaban. Por ello aunque la ciudad entera tenía el potencial para convertirse en una auténtica metrópoli próspera y desarrollada, no lograba ser más que un muladar con fama de paraíso.

Los nuevos mandamases decidieron separar su suerte y su residencia del resto de los pobladores y solo visitaban la ciudad entera en época de elecciones. Así, como no padecían la otra ciudad, siempre adoptaban decisiones incorrectas, solo pensando en el bienestar de sus negocios y no en el de la ciudad.

Los pobladores y la ciudad llevaban la peor parte cuando los mandamases se disputaban algún negocio relacionado con el uso del suelo, pues ni hacían, ni dejaban hacer.

Aquella comarca parecía condenada por la ambición y la avaricia de sus mandamases.

No entendían que las dos ciudades eran una sola. Su casa.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad