miércoles 01 de mayo de 2019 - 12:00 AM

El ahijado

Hace algún tiempo escribí una columna titulada “los transformers” en la que me referí a esos “políticos de oficio” que sin ruborizarse cambian de padrinos y partidos tan fácil como cambiarse de ropa, apremiados por el descrédito de estos últimos y por la necesidad electoral de presentarse como alternativas distintas a la clase política tradicional.

Aclaré también en mi escrito que una cosa es la experiencia en lo público obtenida a base del mérito técnico o profesional y otra muy diferente el currículo logrado a punta del más puro manzanillismo, esa estrategia de ascenso político caracterizada por la lambonería y el servilismo ramplones con los gobernantes de turno, que basado en las intrigas palaciegas, sociales, emparentamientos familiares y hasta religiosos, que como decía Luis Carlos Galán, solo “trafican con votos” para hacerse a contratos y cargos públicos que luego se exhiben orgullosamente como experiencia y garantía de competencia en lo público, siendo que no son sino el producto de “corbatas” bien remuneradas a cambio de esos votos.

Clímaco Urrutia, (evocación televisiva del pretérito “Doctor Manzanillo” del teatro bogotano) personaje magistralmente creado por el humorista de Sábados Felices, Don Humberto Martínez Salcedo, padre de nuestro actual fiscal general, es quizá la más picaresca y perfecta expresión de lo que les describo.

Lo recordé a propósito de la encuesta anunciada por el Partido Alianza Verde para escoger candidato a la alcaldía de Bucaramanga que enfrenta al odontólogo Sergio Prada y al “Doctor” Ludwing Mantilla, quienes además aspiran a lograr la unidad de los sectores “alternativos”, lo cual para este último caso, me pareció un tanto irónico, pues –también recordé- que Mantilla es verde desde hace muy poco, que tuvo como padrinos políticos a “Mamá Elisa” y a Bernabé Celis, que fue asesor en la dirección de tránsito de Henry Gamboa y Lucho Bohórquez, que fue contratista de la CDMB, secretario de la alcaldía de Floridablanca y que su último socio político conocido fue el senador Roy Barreras, quien haciendo memoria, es quizá el máximo exponente del manzanillismo en Colombia.

¿Sabrán esto Mockus, Navarro Wolf y Claudia López? ¡Creo que no!

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