miércoles 08 de enero de 2020 - 12:00 AM

El arte de gobernar

Solo el conocimiento de la política hará a los ciudadanos verdaderamente libres.
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Gobernar es un arte. No me cabe duda. Requiere tanto de habilidades como conocimiento. Las primeras a veces innatas, en otras adquiridas; el segundo siempre adquirido. Pero además, como en todo oficio, también cuenta la experiencia.

Es por eso que en la antigüedad se formaba a los gobernantes para serlo desde niños. Alejandro Magno tuvo como maestro a Aristóteles y Lorenzo II de Médici a Nicolás Maquiavelo, un filósofo político y diplomático italiano considerado por muchos el padre de la “ciencia política”.

Existe una gran distancia entre la política y lo que llamamos “politiquería”. La primera es un arte, o una ciencia, es una eterna discusión. La segunda un mal, en ocasiones, ineludible, el extraño resultado del aprendizaje empírico e instintivo de la política, con la misma diferencia y afinidad que tienen el odontólogo y el dentista, el sobandero y el traumatólogo. Con todo y eso, ante la ausencia de los primeros, casi todos sabemos lo beneficiosos que muchas veces han sido los segundos.

Por diversas razones, entre esas las barreras para acceder al conocimiento de dicho arte, en Colombia nos ha tocado soportar a los sobanderos y dentistas de la política, siendo muy pocos los políticos de escuela. Ahora con el auge del estado de opinión, los “outsiders” y las emociones provocadas con las redes sociales, pienso que tendremos muchos más teguas en el poder y en las corporaciones de “control político”, por eso la única alternativa viable es que los ciudadanos aprendan política para que adquieran criterio y discernimiento político.

Para eso es necesario sacar la “ciencia política” de las aulas universitarias, traducirla del hermético “latín” que allí se maneja, al lenguaje vernáculo de la gente. Solo el conocimiento de la política hará a los ciudadanos verdaderamente libres.

Quien quiera gobernar bien debe necesariamente aprender política y quien quiera ser bien gobernado deberá hacer lo mismo.

Hay distancia entre la teoría y la práctica, por eso es más fácil hacer oposición que gobernar, pero si queremos mejorar esto tenemos que empezar a aprender yá.

¡Vamos juntos a aprender política!

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