miércoles 15 de julio de 2020 - 12:00 AM

El insulto

El insulto es útil a quien no desea debatir, al que no tiene cómo probar lo que dice, porque daña el debate. Pero también le resta fuerza a un argumento válido.
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En mis primeros años como litigante fui víctima de una abogada de avanzada edad y mucha experiencia con fama de lesbiana y cierto odio hacia los hombres, que advertida de la contundencia de las pruebas y la fortaleza de mis argumentos siendo mi contraparte en una audiencia clave, hizo un par de comentarios ofensivos en mi contra, algo así como que no cruzara las piernas porque me podía espichar el cerebro y que... “eso se aprendía en primer año de derecho”.

Aunque no respondí sus agravios, fue tal la desconcentración que me produjeron sus comentarios que la suerte del proceso que hasta ese momento iba yo ganando, cambió.

Desde ahí aprendí que el insulto y la ofensa pueden ser una táctica sicológica para evadir el debate o dañarlo.

Lo escribo porque me preocupa la forma como se viene desarrollando el debate político en el país. En especial la forma como este se hace en las redes sociales.

Es casi imposible encontrar un debate en redes sociales en el que no medien insultos, diatribas, injurias y acusaciones que casi nunca tienen que ver con lo que se discute.

El insulto es útil a quien no desea debatir, al que no tiene cómo probar lo que dice, porque daña el debate. Pero también le resta fuerza a un argumento válido.

Es el caso de Umberto Eco, quien sentenció: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. Su argumento puede que sea válido pero perdió fuerza cuando utilizó el vocablo “idiotas”.

La “democratización” del debate político en las redes sociales ha devenido en su precariedad y el insulto es utilizado como herramienta para evadirlo, pues así quién miente evita tener que demostrar sus tesis manteniendo a sus espectadores seducidos únicamente con emociones.

De manera que la próxima vez que lea, vea o escuche a alguien insultando en medio de un debate, dude de su credibilidad y recuerde que el insulto le resta fuerza a su argumento y que si no quiere parecer un miembro más de la legión de Eco debemos aprender a argumentar... sin insultar.

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