miércoles 22 de mayo de 2019 - 12:00 AM

El reino de la mentira

se está convirtiendo en una matriz que nuestros actores políticos respondan a la crítica periodística y de opinión con ataques
e insultos

Me preocupa la forma como algunos políticos vienen asumiendo la crítica de la prensa.

Lo escribo, porque ya se está convirtiendo en una matriz que nuestros actores políticos a nivel nacional como local respondan a la crítica periodística y de opinión con ataques e insultos en vez de hacerlo con argumentos o pruebas, una estrategia propia del estado de opinión en que vivimos de un tiempo para acá, en parte por causa de la “vulgarización” del debate político en redes sociales, donde abundan las post-verdades, las fakenews y las cortinas de humo como novedosas formas de evadir el debate democrático argumentativo que alimenta esa nueva especie de gobernabilidad ficticia, que se basa en la popularidad, las creencias y las percepciones, como no en las acciones, los resultados, la razón y los argumentos. El reino de la mentira.

Ahora bien, no siempre la prensa es objetiva, suele ser casi siempre lo contrario, pero no por eso se puede validar la idea de reducir el debate político democrático al insulto, la diatriba, la descalificación, el argumento ad hominen que solo genera odios, rencores y violencia; lo contrario a la argumentación, la capacidad humana de deconstruir, debatir y construir ideas, acciones y progreso común.

Esa metodología “argumentativa” que parece afirmar que “la mejor defensa es el ataque” puede que aplique en las artes bélicas, pero es muy dañina para la democracia y la sociedad en general.

Lo que nos distingue de los animales es precisamente la capacidad de dialogar, de argumentar para resolver nuestras diferencias, si renegamos de esa posibilidad, llegaremos a la barbarie, a la violencia verbal y física, y en medio de ese caos al reino de la mentira.

Por eso, invito desde aquí, desde esta orilla, que no es fácil, a desarmar los espíritus, a reconocernos como seres esencialmente racionales parlantes, dialogantes, argumentantes, capaces de construir a partir del diálogo y la racionalidad.

A los actores políticos reconocerles el difícil papel que asumen cuando aceptan exponerse a la crítica pública, al tiempo que pedirles consideración y respeto por las libertades de pensamiento, expresión y prensa como columnas de la democracia.

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