miércoles 16 de octubre de 2019 - 12:00 AM

El títere

El títere representa el continuismo del perverso modelo populista e ineficiente que separó su suerte de la de todos los demás bumangueses
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El títere es un aparecido. No ha vivido en Bucaramanga durante los últimos años. No conoce la ciudad ni sus problemas.

Al igual que a su titiritero, los argentinos le dictaron todo lo que tenía que decir. Su ignorancia de lo público es notoria, supina, atrevida. Su discurso se agota con decir que es el candidato del populismo ineficiente.

No tiene ninguna experiencia administrando lo público, por lo que su eventual elección, más que una aventura, resultaría un riesgo para la ciudad, que ya probó las nefastas consecuencias de creer que administrar lo público es igual que administrar una empresa privada.

Pero además se ciernen sobre él las sombras de los “Panamá Papers” y del Cartel del Cemento en el Perú cuando fungía como vicepresidente de la cementera casualmente dueña de los lotes en donde se construirían los 20 mil hogares felices que nunca fueron.

El títere representa el continuismo del perverso modelo populista e ineficiente que separó su suerte de la de todos los demás bumangueses, pues mientras a ellos les va bien, a la ciudad le va mal. Así lo demuestran los indicadores de “Bucaramanga como Vamos”.

Pero además es elitista, hace campaña en centros comerciales de Cabecera y Cañaveral. Usa a los pobres como excusa, a la corrupción como pretexto, se sirve de ellos, pero su verdadero compromiso es con los grandes negociantes de la ciudad, entre ellos, su mentor.

Debe de ser un buen tipo. No lo sé de cierto, lo supongo, pero es títere y eso ya dice mucho.

La pobre marioneta no tiene ni la culpa, la tiene el irresponsable titiritero que nos lo recetó. El mismo que miente por deporte, que despotrica, pontifica y crucifica a todo aquel que no conviene a sus negocios privados, ese mismo que dominó a la perfección el “arte” de convertir la verdad en mentira y la mentira en verdad. El hipnotizador de incautos, el encanta-bobos.

Pero la ciudadanía no es tonta, tarde o temprano sabrá la verdad. Que nos engañaron y que el títere es la receta para volver a hacerlo.

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