miércoles 09 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

El traidor

Los aldeanos confundidos por el repentino cambio del viejo monarca frente a su pupilo no sabían qué hacer, si creerle y derrocar al joven conde y nuevo rey o entender que todo se trataba del trastorno de personalidad que padecía el primero.
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En una bonita comarca hace un tiempo existió un rey, que empeñado en librar una encarnizada batalla con sus acérrimos enemigos a quienes llamaba forajidos, que sin saber a quien entregar su cetro y corona por no tener herederos, trajo consigo de remotas tierras a un antiguo amigo suyo y joven conde del sector privado, famoso por su habilidad para construir monopolios y regentar empresas.

Pasado el tiempo y luego de haber conseguido la lealtad de sus súbditos para legar en el joven Conde el reino de aquella bella comarca, quiso el joven Conde asumir como propio el gobierno desconociendo en ocasiones los caprichos del viejo rey.

Ofuscado con su pupilo, quien poco a poco fue entronizando una cuadrilla de mancebos de su absoluta confianza en la corte, decidió el viejo rey conspirar para derrocarle.

Los aldeanos rumoraban que todo se debía al recaudo de un tributo destinado a los ancianos de la comarca y que el viejo rey durante su reinado se había negado a entregarle en el pasado a un gigante llamado Goliat, quien se había enriquecido extremadamente con un feudo con autoridad ambiental sobre toda la comarca y que ahora había pasado a manos de un joven príncipe, el mismo que había cabalgado con un viejo hidalgo de frondoso mostacho sobre un elefante rojo para llegar a la cima del monte Chicamocha desde el cual podía observar mediante un antiguo catalejo sus próximas conquistas.

Acusaba el viejo rey a su pupilo de haberle traicionado. Este por su parte lo ignoraba completamente, lo cual irritaba aún más al antiguo monarca que estaba acostumbrado a obtener todo lo que quería, seduciendo, comprando o sometiendo y en ocasiones corrompiendo.

Los aldeanos confundidos por el repentino cambio del viejo monarca frente a su pupilo no sabían qué hacer, si creerle y derrocar al joven conde y nuevo rey o entender que todo se trataba del trastorno de personalidad que padecía el primero.

La pregunta que todos se hacían era ¿quién había traicionado a quién? ¿el viejo rey al conde o el conde al viejo rey?...

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