miércoles 06 de octubre de 2021 - 12:00 AM

¿En dónde está el contralor?

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El interminable círculo vicioso de la corrupción vuelve y juega en Santander. Un editorial de Vanguardia advirtió hace algunas semanas que el intercambiador de Guatiguará que se contruye en la entrada de Piedecuesta tiene retrasos y que como ya es costumbre su construcción terminará en las endémicas adiciones presupuestales que con el visto bueno de la administración y la mirada ciega de la contraloría legalizarán los sobrecostos de la obra.

No se entiende cómo si uno de los principios de la gestión pública es la planeación, siempre los contratistas en Colombia terminan pidiendo adiciones que encarecen las obras públicas hasta un cincuenta por ciento o más del valor inicialmente presupuestado.

Pareciera ser ya sistemático que los contratistas presenten propuestas por un valor, ganen las licitaciones y luego siempre tengan que adicionar. Toda una sinvergüencería.

A propósito de todas estas situaciones de direccionamiento de obras, sobrecostos presupuestales, pago de coimas a ordenadores del gasto e intermediarios que hasta hace poco fungieron de flamantes congresistas, surgen las preguntas:

¿En dónde está el contralor? El guardián del patrimonio público que como ya es costumbre siempre es colocado por el ordenador del gasto de turno.

¿Cuál es su responsabilidad por no haber prevenido el daño fiscal? ¿Cómo ejerció su control preventivo, si lo ejerció? ¿Cómo debe responder su titular, penal, disciplinariamente?

Es que no puede ser que solo sigan respondiendo los ordenadores del gasto, los intermediarios, los firmones y los contratistas? ¿y la responsabilidad de quien debe vigilar la prudente inversión y ejecución de los recursos públicos –es decir, del contralor- en dónde queda?

Todo el sistema pareciera estar diseñado para la corrupción:

Ordenadores con “sastres” de la contratación expertos en elaborar pliegos a la medida del cómplice, ninguna sanción por los retrasos e “imprevistos”, adiciones sin mayor motivación, contralores que miran para otro lado y finalmente fiscales con especialización y maestría en preclusiones.

Que estos casos de corrupción se repitan sucesivamente con el silencio cómplice de las contralorías debería hacernos plantear un serio debate sobre su eficiencia y permanencia en la institucionalidad del país y la manera como se está eligiendo a los contralores. Y ahora vuelve y juega, el ordenador del gasto quiere contralor de bolsillo.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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