miércoles 10 de abril de 2019 - 12:00 AM

La ciudad de la utopía

Es hora de repensar las prioridades en la planeación de la ciudad, orientando el gasto público más hacia al ciudadano y la construcción de ciudadanía

Casi todos los precandidatos a la Alcaldía de Bucaramanga hablan ya de “construir ciudad”, elaboran con distintas metodologías sus programas de gobierno, poniendo como prioridades de la agenda la movilidad, la seguridad, el empleo, las oportunidades, la salud, la educación y, por supuesto, la “defensa del agua y del páramo de Santurbán”, que algunos convirtieron ya en su “caballito de batalla electoral”.

Lo que no sospechan algunos es que según expertos analistas, las estadísticas electorales recientes indican que Santurbán genera opinión, pero no produce votos.

De ser exacto ese análisis, aquellos candidatos que se juegan como única estrategia para captar votos cabalgar sobre ese atractivo corcel podrían llevarse una sorpresa no muy grata.

A la ciudad hay que proponerle temas nuevos y prioridades nuevas. Ya basta de creer que la planeación del desarrollo urbano de nuestra ciudad pasa por la inevitable fórmula de destinar la mayor parte del gasto público en la construcción de puentes, intercambiadores y moles de cemento, que la mayoría de las veces no resuelven de fondo los problemas que pretenden, pero sí se prestan para la coima y la corrupción.

Es hora de repensar las prioridades en la planeación estratégica de la ciudad, orientando el gasto público más hacia al ciudadano y la construcción de ciudadanía (el recurso humano de la ciudad) que a la ciudad material como tal.

Muchos dirán que es una utopía, pero sigo pensando que toda realidad comenzó siéndolo.

Si invertimos en construir ciudadanía, podremos, ahí sí, construir una mejor ciudad.

A la ciudad hay que empezar a pensarla como nuestra casa, como nuestro hogar, porque ¿de qué nos sirve tener una gran casa llena de cemento y obras, si sus ciudadanos no sabemos cuidarla y habitarla en paz?

Por eso pienso que el próximo alcalde o alcaldesa deberá centrar su atención más en hacer felices y mejores ciudadanos a los bumangueses, que en seguir construyendo una gran casa que nunca podremos disfrutar, si seguimos pensando a Bucaramanga por la línea tradicional con la que se ha “planeado” los últimos 30 años.

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