miércoles 26 de agosto de 2020 - 12:00 AM

¡Ni en los años 1600!

...los están esclavizando, literalmente, poniéndoles cargas imposibles de cumplir en 8 horas y exigiéndoles disponibilidad 24/7. ¡Tienen huevo! Teletrabajo no significa tele-esclavitud.
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Estoy convencido de que la esclavitud a pesar de haber sido “abolida” en el papel de casi todas las constituciones del mundo aún no ha desaparecido del planeta.

Lo que hemos logrado es humanizarla un poco y darle un viso de legalidad con unas mínimas garantías que la mayoría de las veces no se cumplen.

Mi primera y última experiencia personal con el “empleo formal” la tuve cuando tenía veintiún años, cuando trabajé un año exacto como cortador de bolsa de polietileno en Carlixplast luego de que por obra y gracia de mi señora madre, quien se sentía orgullosa de saber que su hijo aprendía a ganarse la plata por sí mismo, tuve que trabajar durante mis vacaciones escolares en toda clase de “artes y oficios” como llaman ahora a ser ayudante de plomero, repartidor de fotografías, vendedor de jabón y chitos, músico serenatero, y operario en una pequeña fábrica de almidón de yuca. Ya en la universidad, a la que fui para ser abogado por dos razones: no me gustaban las matemáticas ni los jefes, alterné mi oficio como profesor de música y algunos periodos de vacaciones como vendedor de vitrina y mensajero de confianza en unos almacenes de unas primas en Bogotá.

El trabajo dignifica al hombre, lo aprendí desde chiquito gracias a mi madre, pero como dice “Jarabe de palo”, cuyo intérprete falleció hace poco de cáncer: “de la forma como se mire... todo depende”.

Luego de todas esas experiencias “laborales, comerciales y emprendedoras” resolví nunca volver a tener jefe. Lo digo con falsa humildad: hasta ahora lo he logrado. Me siento muy orgulloso de eso.

Una de las cosas que trajo consigo la pandemia fue el teletrabajo, la virtualidad. Eso es bueno, pero algunos empleadores están abusando.

He recibido muchas denuncias de “tele-trabajadores” a los que algunos “jefes” inescrupulosos y abusivos, entre ellos algunas entidades públicas, los están esclavizando, literalmente, poniéndoles cargas imposibles de cumplir en 8 horas y exigiéndoles disponibilidad 24/7. ¡Tienen huevo! Teletrabajo no significa tele-esclavitud. ¡Ni en los años 1600... que no existía el PC!

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