miércoles 29 de julio de 2020 - 12:00 AM

Roque Julio

No es un secreto que gran parte de las infracciones y accidentes, hurtos y microtráfico involucran motocicletas, que muchos delincuentes se camuflan tras la fachada de domiciliarios...
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Esta no es una de esas columnas para honrar póstumamente la memoria de algún amigo. Tampoco es uno de esos libelos que derraman “sangre en la arena” para atraer lectores, ni mucho menos una fábula satírica de esas que tanto les duele a quienes se encuentran reflejados en ellas.

Roque Julio es empleado, gana el salario mínimo y usa una motocicleta de su propiedad para transportarse, la cual está pagando a cuotas teniendo toda su documentación en regla.

Hace unos días cuando transitaba rumbo a su trabajo sufrió un accidente de tránsito con otro motociclista, que a diferencia suya, era menor de edad, no era dueño de la motocicleta que conducía y tampoco tenía seguro ni certificado técnico mecánico.

Aunque el responsable del accidente fue el menor, Roque tuvo que asumir la reparación de su vehículo ante la imposibilidad de cobrarle los daños tanto al conductor menor como al propietario de la moto, pues no tenían con qué responder y además registraba una orden de inmovilización por la fiscalía por haber sido utilizada en la comisión de un “fleteo”.

La historia de Roque es la de muchos ciudadanos que a diario se ven afectados por la anarquía impuesta por algunos usuarios de la movilidad que utilizan la moto como su medio de transporte.

No es un secreto que gran parte de las infracciones y accidentes de tránsito, hurtos y microtráfico involucran motocicletas, que muchos delincuentes se camuflan tras la fachada de domiciliarios y transportadores informales para burlar los controles policiales, por no hablar de los ahora “empresarios” del trasporte informal, que tienen motos con tarifa y conductor como si fuesen taxis.

Cualquier medida que se proponga encuentra como reacción el taponamiento de las vías en protesta, una especie de chantaje al que tienen sometidos a los alcaldes. Pero algo habrá que hacer, pues la anarquía, inseguridad y accidentalidad siguen aumentando.

Una restricción para que las motocicletas solo puedan transitar conducidas por sus propietarios inscritos podría ayudar a solucionar el problema y evitar que pase lo que le pasó al pobre Roque Julio.

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