miércoles 13 de febrero de 2019 - 12:00 AM

¿Tragarse sapos?

El ambiente de incertidumbre electoral que vive Bucaramanga por estos días de precandidaturas oportunistas, ambiguas y repentinas dejan ver que al igual que en la elección pasada de alcalde existe un gran inconformismo esta vez no solo con la corrupción sino con el desgobierno y el estilo conflictivo de un alcalde que prometió mucho, hizo poco y mantuvo a la ciudad dividida entre buenos y malos, entre corruptos y anticorruptos, entre políticos y antipoliticos, estilo que al igual que en campaña lo puso en la cima de las encuestas de favorabilidad, pero que en términos de gestión dejó a la ciudad en medio de una pelea en la que esta llevó la peor parte pues no se pudieron sacar adelante los principales planes y los que se implementaron fracasaron.

Siempre he pensado que el poder político implica acuerdos y consensos con todos los actores para el ejercicio representativo y distributivo del mismo, independientemente de las categorizaciones éticas, lo que no necesariamente implica traicionar el compromiso de luchar contra la corrupción pero que exige como condición el control y fortalecimiento de los entes de vigilancia (las “ías”) por parte de quien pretenda luchar contra ese flagelo.

Alguna vez le dije al alcalde Hernández que si quería combatir efectivamente la corrupción era mejor tener a las “ías” bajo su control, que rehusarse a cogobernar con los actores políticos. Ello le habría garantizado gobernabilidad al tiempo que le hubiese permitido vigilar y combatir la corrupción de manera implacable.

Hoy sigo pensando que no se puede gobernar excluyendo a los actores de poder; por muy mala reputación que estos tengan están ahí porque el pueblo los eligió y así no nos gusten tienen el deber y el derecho de representar a esa ciudadanía y de participar del poder. Es lo lógico en una democracia. Una visión distinta, por muy ética que parezca es antidemocrática y populista.

Muchos de ustedes me colgarán por escribir esto, otros no me bajarán de “corrupto”, pero sinceramente pienso que... ¡lo importante no es que el gato sea gris o sea negro, sino que cace ratones!

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