miércoles 05 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Un llamado a la sensatez

Si es inocente que lo absuelva y si es culpable que lo condene, pero ni nuestra paz ni nuestra democracia pueden depender de esa decisión...
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Estando escribiendo esta columna me entero que la Corte Suprema de Justicia impuso medida de aseguramiento (detención domiciliaria) contra el expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez.

En la víspera de la decisión leí a importantes columnistas, líderes políticos y de opinión en las que en tono casi amenazante invitaban a cerrar el Congreso y establecer una dictadura en cabeza del presidente Duque, si la Corte Suprema decidía poner preso a Uribe.

Me di cuenta entonces del grado de polarización, apasionamiento y fanatismo político en el que estamos, el cual no se veía en Colombia desde los más tristes y oscuros episodios de la violencia partidista que azotó a nuestro país en épocas pretéritas.

Que la suerte judicial de un solo hombre ponga a algunos a pensar en la posibilidad de una guerra civil es un exabrupto inaceptable para una sociedad que se supone está cansada de la violencia.

Amenazar con provocarla dependiendo de la decisión de la justicia además de absurdo es irresponsable.

Hoy más que nunca la nación debe confiar en sus instituciones, en su democracia, en su estado social de derecho que acordamos en nuestra Constitución del 91, en donde todos, absolutamente todos nos reconocimos sometidos al imperio de la ley y la justicia.

Los líderes políticos y de opinión, como líderes que somos de la sociedad colombiana, tenemos la obligación y la gran responsabilidad, unos política y otros social, de opinar con cordura y sensatez frente a esta coyuntura histórica y política.

Puede que no compartamos las decisiones judiciales, que las juzguemos con el sesgo de nuestras ideologías y creencias, pero debemos respetarlas y acatarlas e invitar a la ciudadanía a hacer lo propio, solo así garantizaremos la paz y la democracia.

La Corte debe juzgar a Uribe en derecho, sin ningún sesgo político, ni para condenar ni para absolver.

Si es inocente que lo absuelva y si es culpable que lo condene, pero ni nuestra paz ni nuestra democracia pueden depender de esa decisión.

Este es mi llamado: a la cordura... a la sensatez.

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