miércoles 19 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Un país partido en dos

Los colombianos merecemos mucho más que vivir en un pasado de odio y violencia agitado con trapos de colores o falsas promesas de venganza o salvación de la patria.
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Cuando ya el país creía superada la división bipartidista liberal-conservadora que tanto daño y violencia provocó, cuando ya habíamos entendido que los colores rojo y azul no eran motivo suficiente para odiarnos y matarnos entre nosotros mientras los líderes de cada bando luego de insultarse y acusarse recíprocamente durante el día en los recintos de la democracia cenaban y brindaban en los clubes sociales capitalinos durante la noche, supieron ellos encontrar nuevos motivos y miedos para dividirnos, esta vez, entre izquierda y derecha, entre uribistas y guerrilleros, entre “colombianos de bien” y “mamertos atenidos”.

Por aquel entonces los motivos eran otros y en algunos casos legítimos. Con el paso del tiempo esas distintas visiones ideológicas fueron cediendo hasta desaparecer por completo cuando los líderes de la política decidieron alternarse el poder en “el frente nacional”.

Hoy la cosa no es muy distinta, los partidos raramente y por conveniencia defienden posturas ideológicas, una visión de país o un modelo de desarrollo, las elecciones de fiscal, contralor, defensor del pueblo, y ahora procuradora, demuestran que el ejercicio de la función legislativa, la de control político y elección de los entes de control solo dependen de la repartición de la burocracia y la contratación.

Divide y reinarás dice el adagio latino, y les sigue funcionando. Mientras el país político pone al país nacional a discutir e insultarnos por la inocencia o culpabilidad de un hombre, que además no es cosa que nos competa sino a la justicia; por el supuesto miedo a convertirnos en socialistas; o a que los homosexuales se casen; que solo afecta a esa pareja, o a que una persona decida consumir drogas o abortar; ellos siguen gobernando de espaldas al país, contra la ciudadanía, para ellos, para sus negocios y sus amigos los banqueros.

Mientras nosotros peleamos, ellos gobiernan. Los colombianos merecemos mucho más que vivir en un pasado de odio y violencia agitado con trapos de colores o falsas promesas de venganza o salvación de la patria. Merecemos perdonarnos para avanzar. ¡La más contundente de las victorias es el perdón!

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