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Isnardo Jaimes Jaimes
Sábado 05 de julio de 2025 - 01:00 AM

El populismo y la democracia

En otras palabras, el populismo es tanto de orientación izquierdista como derechista. Ambos lo emplean como ideología o como estrategia política para llegar y mantenerse en el poder.

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Hay inmensa inquietud por el resurgimiento del populismo en el mundo, corriente que inicialmente practicó el Partido del Pueblo en Estados Unidos, los populistas rusos para idealizar al campesino; el Peronismo en América Latina, el populismo radical (de izquierda) de Chávez, Morales, Correa, Kirchner, Lula y Petro en Colombia. También el que exhiben Trump, Bolsonaro, Bukele, Erdoğan, Putin y Netanyahu.

En otras palabras, el populismo es tanto de orientación izquierdista como derechista. Ambos lo emplean como ideología o como estrategia política para llegar y mantenerse en el poder. Al pueblo, que tiene el poder y la voluntad general, pero que carece de la capacidad para ejercerlo, lo enfrentan a las élites que solo se mueve por intereses particulares. Con una sociedad dividida ambos se benefician de las situaciones coyunturales con el fin de presentarse como salvadores, prometiendo cambios que luego no realizan.

El mecanismo de lucha es identificar a su antagonista como el enemigo a derrotar. Si es populismo de izquierda, en donde ubican al pueblo, lo sustentan en la desigualdad económica y social; y si es de derecha (las oligarquías) en el tradicionalismo y conservadurismo social con énfasis en la ley y el orden. Unos y otros, usan mensajes directos y polarizantes en las redes sociales dirigidos a la población con el propósito de cohesionarla, direccionarla y movilizarla en pro de sus intereses.

El populismo lo acaudilla un líder carismático que forja una relación profunda y directa con la población, utilizando organizaciones sociales, sindicales, a ilegales y a políticos marginados de otros partidos o con aspiraciones de mando, cuya fortaleza no radica en el poder económico, sino en la habilidad de movilizar a un gran número de seguidores. Se presenta al pueblo como su vocero legítimo, como salvador, como el único capaz de solucionar las crisis, canalizando el descontento legítimo de la sociedad, apelando a discursos con poca plataforma política, pero polarizantes, provocadores, irreverentes, llenos de odio y cargados de emociones, con los que busca llamar la atención de los desvalidos, olvidados y excluidos del gobierno. Incluso, recurra al teatro para convertirse en víctima y poder movilizar a la multitud de seguidores en su defensa.

El camino del populismo es la confrontación entre el pueblo y las élites; el objetivo es el poder. De ahí que intenten destruir los frenos y contrapesos de los otros poderes públicos, deslegitimando al Congreso, desconociendo las decisiones de los jueces, ignorando a las autoridades territoriales elegidas por el pueblo, atacando a la prensa y a todo aquel que se le oponga, utilizando para ello falsedades y amenazas para fomentar la fragmentación social que es el camino seguro que lo lleva a convertirse en un dictador.

¿Será esto lo que experimentamos hoy en día?

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