martes 05 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Algo bueno nos está pasando

Hay que tener en cuenta que los incompetentes con poder son peligrosos y es mejor no torearlos sino esperar que sus actuaciones socaven su permanencia.
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La elección de los nuevos alcaldes, al menos los de Bogotá, Medellín y Bucaramanga, muestran cambios profundos en los juicios de los electores y difieren en mucho de la elección presidencial. Los nuevos mandatarios tienen en común ser competentes, con historias admirables de superación personal, además, son inspiradores de confianza. Muchos prejuicios sociales quedaron sepultados con el voto mayoritario en su favor. Son un ejemplo de que la educación es la herramienta más efectiva, adecuada y segura para el escalamiento social. Vencieron las ineficiencias educativas, los recursos insuficientes, el marginamiento social, porque han sido resilientes, disciplinados y persistentes.

Hace unos meses la revista Dinero publicó un artículo titulado ¿por qué tantos hombres incompetentes logran ser líderes? basado en el libro del sicólogo Tomás Chamorro-Premuzic, quien afirma que a la sociedad no solo le encantan los hombres incompetentes, sino que recompensa tal característica, y, además, dice Chamorro, sentimos fascinación por los líderes narcisistas.

Muchos recomiendan que ante la elección de un cargo de manejo de una empresa o de gobierno, debiéramos enfatizar más en las competencias, las habilidades para aprender, la humildad, la capacidad para motivar, la autoconsciencia, el don de gentes, la integridad, la curiosidad del personaje. De otro lado es bien conocido el principio de la incompetencia de Peter, que se cumple cuando dejamos de ser aptos para realizar una tarea sin estar a la altura del reto. Ese nivel parece haberlo alcanzado el presidente Duque y muchos de sus colaboradores, quienes, además, no parecen ser conscientes de sus limitaciones. Un síntoma de la falencia es que para problemas complejos solo ven soluciones fáciles, por ejemplo, la militarización como panacea para todos los males. Hay que tener en cuenta que los incompetentes con poder son peligrosos y es mejor no torearlos sino esperar que sus actuaciones socaven su permanencia. En su favor alegaría, que en un régimen incompetente es difícil ser lo contrario. De un foro de pensamiento tomo prestada la siguiente conclusión: la incompetencia siendo siempre grave, es espantosa cuando se ejercita desde el poder.

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