martes 21 de julio de 2020 - 12:00 AM

Ansiedad, irritabilidad, depresión...

No dudo de alguna utilidad del confinamiento como medida para aplazar el contagio, pero sus efectos nocivos sobre adultos y en especial sobre los niños, deben preocuparnos
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La Fundación Colombiana del Corazón y la Asociación de Medicina del Deporte de Colombia, evaluaron el comportamiento de niños y adolescentes durante el confinamiento obligatorio mediante una muestra aleatorizada, codificando 1.139 encuestas virtuales. El análisis dedujo que la actividad física recomendada solo la lograron una cuarta parte de los menores, el 20% aumentaron de peso y el 80% superaron el límite recomendado de una hora frente a dispositivos electrónicos.

En el reino Unido, Creswell de Oxford, realizó con sus colegas un estudio longitudinal sobre los impactos emocionales en niños durante el confinamiento, encontrando que los mayores síntomas de ansiedad se manifestaron mediante llanto, tristeza, apego y preocupación, con un comportamiento caracterizado por desobediencia y rabietas.

Otros estudios en población adulta han confirmado irritabilidad y aumento de los desórdenes mentales asociados a la ansiedad derivada del “malabarismo” al combinar cuidado de los hijos con trabajo en casa. No obstante, son las habilidades que adquieran los padres para manejar la ansiedad de sus niños, la manera más efectiva de afrontar esta dificultad durante el confinamiento. Por fortuna, en niños con problemas mentales prexistentes, se observó una reducción de síntomas, y aunque hay gran variabilidad, muchos padres mostraron preocupación por lo que sucederá cuando se regrese al estilo de vida anterior.

En reciente entrevista radial, un profesor de sicología de Uniandes, refiriéndose a un estudio realizado allí, comentó acerca de un aumento del 17% en el riesgo de suicidio en jóvenes durante el confinamiento. En comunicaciones personales con siquiatras, me han hablado de una cifra similar.

No dudo de alguna utilidad del confinamiento como medida para aplazar el contagio, pero sus efectos nocivos sobre adultos y en especial sobre los niños, deben preocuparnos para morigerarlos y aprovechar tal contingencia para sembrar en ellos conductas saludables sostenibles en su vida de adultos.

PS: Hoy reflexiono en qué consiste nuestra independencia, pues no lo es en la economía, ni en las políticas nacionales o internacionales, ni en la ciencia que consumimos, ni siquiera para hacer la guerra. Tal vez, seamos independientes para confinarnos y para contagiarnos.

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